José Ambrosio Vidal García, el reparador de máquinas de escribir en Amancio. Foto: Rafael Aparcicio CoelloJosé Ambrosio Vidal García, el reparador de máquinas de escribir en Amancio. Foto: Rafael Aparcicio Coello

La finca Calambrosio era muy poco para él, con sus 18 años quería buscar nuevos senderos por lo que un buen día de 1958 José Ambrosio Vidal García animado por su tío Saturno se sube a la lancha que cubría la ruta Manzanillo-Amancio y así inicia su vida como arreglador de máquinas de escribir en esta parte del oriente cubano.

“Mi tío tenía un puestecito y ahí me puso a vender fritas y bocaditos cuando llegué, pero como yo era tan violento de joven él me dijo que regresara porque me iban a matar, lo hice pero en 1961 regresé de nuevo y ahí comenzó mi vida como mecánico de máquinas de escribir”.

El próximo 4 de abril Vidal como lo nombran los coterráneos cumplirá 82 años y durante más de 60 tiene el protagonismo en esas funciones que según nos cuenta comenzó en el antiguo Poder Local y día tras día visitaba los centros de trabajo y recibía a las personas que necesitaban de sus servicios.

“Aquí venían muchos compañeros de la ciudad de Camaguey a reparar máquinas pero no se quedaban mucho tiempo, yo nunca tuve ayudantes pues tenía que pagarles e imagínate eso no me era rentable, buscaba las piezas de los mismos equipos que desmantelaba y otros los hacía  y en estos momentos aunque hay muchas computadoras todavía hay  particulares que me tocan a la puerta solicitando que les ponga en alta la máquina”.

Con  14 años de edad Vidal se vio obligado a trabajar tras la muerte de su padre para ayudar a su madre a criar a dos de sus hermanos menores y al rememorar su vida pasada nos dice:

“La juventud no sabe lo que tiene ahora, la vida antes del triunfo de la Revolución no era fácil yo desde muy joven siempre me dediqué a trabajar primero en una fábrica de calzado en manzanillo, me crié casi solo, algunas personas me dicen que vaya para un hogar de ancianos, pero todavía puedo valerme y nada que yo me muero entre mis máquinas de escribir”.