El general de Ejército Raúl Castro, presidente de los Consejos de Estado y Ministros, dialoga con el periodista Rafael Aparicio Coello, durante su visita al poblado de GuayabalLo recuerdo como si fuera en este instante. La noticia se esparció como pólvora. De voz en voz la buena nueva era: ¡Raúl está en Guayabal! Era de esperar, entre la noche del 8 de noviembre de 2008 y la madrugada del 9, la furia de la naturaleza, identificada como el huracán Paloma, ocasionaba serios daños en el  apacible poblado de Guayabal.

Recuerdo que desde horas de la mañana un inusual ajetreo se apoderó de la cotidianidad lugareña. Guayabaleros que vieron afectado su patrimonio personal buscaban asideros en las comisiones gubernamentales que evaluaban los  destrozos ocasionados por el meteoro.

Otros deambulaban  en busca de historias que recopilar y luego  contar: “que si a fulano le llevó el techo de la vivienda”, mientras que “a mengano le arrancó de a cuajo la puerta y ventanas de la casa”.  Que si yo  “nunca había sentido vientos tan fuertes; el agua llegó hasta aquí”. Así un rosario de realidades e invenciones populares.

Luego de haber vencido la distancia que separa al núcleo principal del municipio de Amancio con el costero asentamiento, el chofer  de la moto Jawa, Israel   me acompañaba disfrutando un trago de café  colado por las expertas manos de mi cuñada Monga, cuando el comentario de la sorpresiva visita, comenzó a recorrer el litoral.

En minutos y después de mucha cautela, previa identificación como representante de la prensa municipal, pude llegar a escasos metros del compañero Raúl, quien en esos momentos dialogaba con los vecinos y les explicaba las afectaciones causadas por el huracán y las medidas adoptadas por el gobierno.

Aquello de ver al presidente de mi país en medio de la muchedumbre no me resultó extraño. Es una conducta nacida en las lomas de la Sierra Maestra, cuando   Fidel  aprovechaba cualquier momento para explicar al campesinado los objetivos  de la Revolución es una procedimiento que se mantiene hasta nuestros días.

El presidente cubano,  Raúl Castro Ruz, escuchaba con atención  el reclamo de áreas deportivas y  la voluntad de la mayoría de los pobladores del  pueblito de pescadores para convertirse, recursos materiales mediante, en protagonistas del resurgimiento de Guayabal.

Ante la mirada atenta de José Ramón Machado Ventura y otros dirigentes políticos, gubernamentales y jefes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Raúl ratificó el compromiso de la Revolución de no abandonar a nadie. No hizo promesas y sólo en el intercambio con este escribidor, enunció la posibilidad de volver cuando la recuperación fuera una realidad y los daños del “Paloma”, un triste recuerdo.

El mandatario cubano orientó, explicó, sugirió, preguntó y recorrió el litoral. En cada encuentro con la comunidad derrochó comprensión, dio aliento y motivó la colaboración popular.

Un nuevo caserío formado por modernas y confortables viviendas; servicios médicos, centro escolar, áreas recreativas y deportivas, el protagonismo de un pueblo empeñado en la transformación de su realidad y la alegría de un pueblo,  son el mejor  homenaje al aniversario de la visita de Raúl Castro Ruz a Guayabal, el 10 de noviembre de 2008.

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