La historia de Cuba, y en particular la de nuestra localidad, está marcada por páginas gloriosas protagonizadas por hombres y mujeres cuya entrega y amor a la Patria los convierten en héroes anónimos; tal es el caso de Rodolfo Marcelino Quiñones Tamayo.

Este amanciero, sencillo y de procedencia muy humilde, abrazó desde muy joven los ideales revolucionarios. Su presencia fue notoria en momentos claves de la lucha revolucionaria, primero en el antiguo central Francicso, donde se incorporó  a una célula del Movimiento 26 de Julio en la finca Navarrete, ubicada en La Espirituana.

Con solo 17 años, Quiñones se dedicaba a llevar mensajes a los combatientes alzados, así como al traslado de medicamentos hasta la zona de Laguna Baja, donde acamparon las columnas 2 y 8 "Antonio Maceo" y "Ciro Redondo", respectivamente, comandadas por los legendarios guerrilleros Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos.

Allí conoció al bazuquero del Che, quien le dejó una escopeta calibre 44, la cual utilizó en la lucha guerrillera y todavía conserva como un preciado trofeo.

Con el triunfo de la Revolución, se incorporó a las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), donde realizaba distintas misiones.

Siendo integrante de la compañía 4, partió hacia la zona de El Escambray, en la provincia de Villa Clara, donde participó en la lucha contra los bandidos contrarrevolucionarios, armados y financiados por el entonces gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.

Su andar por la vida no ha sido en vano; hoy Rodolfo Marcelino Quiñones Tamayo atesora con orgullo varias condecoraciones como las de Combatiente de la Lucha Clandestina y Contra Bandidos, 30 y 40 Aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias,  así como de alfabetizador, las que constituyen la muestra más fiel de su entrega a la Revolución y las causas justas.

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