José Martí escritor

Cuanta pasión había en su verbo que encantaba, que hechizaba a quienes le escuchaban por el fervor que le imprimía a las pablaras cuando hablaba de Cuba, la eterna novia que esperaba libertar.

Fue por ello que le dedico su vida, su lucha, y apenas sin tiempo para comer o descansar, vistió de luto porque era esclava.

No hubo descanso para el fiel amante que juntó y amó para fundar una patria con todos y para el bien de todos.
Lanzó la estrella que ilumina y mata para alumbrar el camino que lo guarirá a conquistar el amado sueño libertario.

Sufrió el destierro, pero no se laceró el espíritu del guerrero indomable y desde la lejanía volvió e empuñar la espada para  desde el propio corazón del monstruo tocar puertas y hablar de la causa común de los oprimidos para echar suerte con los pobres de la tierra.

Por eso un día volvió montado en su caballo y se fue a la manigua redentora en busca de sus sueños sin importar las consecuencias y murió  en los brazos de la patria agradecida.

Ese fue el Martí que yo conocí el que no quiso quedarse en lo oscuro, ni la loza fría de mármol y miró de frente al sol sin manchas que lo eternizó para que en el fuego eterno de su   corazón viviera por siempre la llama eterna de la libertad.

Para el no hubo sueño eterno volvió a la carga resucitado el espíritu indomable y desde el Turquino como fiel vigía guía nuestros pasos y cuida con celo la libertad de su novia eterna que lo mira agradecida.  

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