Hay hombres que con su ejemplo apuntalan los cimientos de la historia, y luego tocan el cielo de la inmortalidad. Ese privilegio les tocó a Amancio Rodríguez Herrero y José Oviedo Chacón, convertidos en líderes indiscutibles de la clase obrera.

Desde muy joven, Amancio se vinculó a las luchas y reclamos el favor de los obreros,  siendo electo en 1940 secretario de los trabajadores del  central Francisco y sus colonias, labor que desempeñó con mucha responsabilidad, ganándole 33 juicios a la compañía norteamericana Francisco Sugar Company.

Su inseparable compañero de luchas, José Oviedo Chacón, también abrazó las causas nobles y justas de los desprotegidos.

Sencillez, humildad, modestia, abnegación, entrega y valentía a la hora de enfrentar los problemas y defender a los humildes y desposeídos, son cualidades que engrandecieron a ambos líderes. 

Pero quiso el destino fatal que el 18 de septiembre de 1949 la muerte cegara sus sueños.

En la sede del Sindicato Azucarero del "Francisco", donde acontecía una reunión a la que asistieron obreros de los centrales Macareño y Elia, manos traidoras se encargaron de arrancarles el último aliento, mas no consiguieron apagar la fuerza de sus ideales.  

A la distancia de 64 años de aquel alevoso crimen, los amancieros recuerdan a sus hijos con el cariño y el honor que ellos supieron sembrar y cosechar.

Amancio y Oviedo no están muertos, su legado va más allá del tiempo, porque está cada día más presente en cada obra para edificar la Patria nueva y robusta. 

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