Amancio, agosto 22 (RM) En un confortable chalet, sobre el cual se tejen leyendas de soledad y enclaustramiento, descubrí una lejana tarde de un mes de septiembre a las hermanas Carmen y María de los Ángeles Golacheca García, quienes en armonía familiar compartían los rigores de la vida y se sumergían en eternos recuerdos.

Cuca y Gela, como se llamaban entre ellas con particular cariño, no desaprovecharon mi presencia y como presintiendo la cercana partida hacia la eternidad accedieron a confesarme la entrañable amistad que las unió a Amancio Rodríguez Herrero.

Acomodada en un sillón de madera, su preferido, Carmita me contaba que conoció a Amancio cuando era pequeña “su padre, Basilio Rodríguez llegó a Cuba procedente de Villa Frechoz del Campo, Bilbao, España, junto a nuestro padre. Les unió una sincera amistad que perduró en nuestras familias”

“Al establecernos en la antigua Colonia de La Lomita la relación entre las familias se hizo más fuerte; fíjate si fue así que nosotros nos convertimos en el paño de lágrimas de Valeriana, la madre de Amancio. Cuando tenían algún problema, recibían nuestra ayuda y solidaridad”

“Mi hermano Narciso fue quien acercó a Amancio a las ideas marxistas”, afirmó categórica Carmita, mientras busca la aprobación o aclaración de Gela. “Recuerdo que ellos se ponían a estudiar la literatura socialista en mi casa, se pasaban horas y horas leyendo y debatiendo, a veces los primeros rayos del sol los sorprendía en esos trajines”.

“Amancio era un hombre de mediana estatura, delicado, afable, de buen carácter”, recordó Carmita manoseando fotos antiguas, en tanto Gela asintió: “Era en extremo reservado, muy buen hijo. No fueron pocas las ocasiones en que preparaba la comida y el baño para su anciana madre”.

“Me parece verlo tan campechano y laborioso. Trabajó sin descanso en la agricultura, fue pesador de cañas en la grúa de Los Ciegos. Cuando comenzó a trabajar en el Central estableció relaciones con otros comunistas como José Oviedo Chacón y José Caridad Rodríguez”.

Los achinados ojos de Carmita, a pesar del irremediable paso del tiempo, conservaban su brillo juvenil y sensual. Con la tristeza en el semblante me contó que (…) “estando de guardia en el cuarto de curaciones del antiguo Hospital trajeron el cadáver de Chacón (José Oviedo). Enseguida mandé a buscar al doctor Iglesias (José) y al juez. Inmediatamente aquello se llenó de personas, parecía una sublevación”.

“Como a la media hora llegó el cuerpo sin vida de Amancio”. Carmita hizo una pausa como queriendo arrinconar el doloroso recuerdo, pero continuó su narración. “Había recibido un balazo en el parietal izquierdo, no presentaba otras heridas. Traté de avisarle a su hermana Ignacia. Los situaron en el salón de maternidad, como a las dos horas apareció su cuñado, retiró el cadáver que fue velado en su casita de El Reparto”.

“Mira, lo recuerdo como si fuera ahora mismo. Estaba vestido con ropa de trabajo, de manera sencilla. Muchas fuimos las personas que le advertimos que no participara en aquella asamblea, pero replicaba que era un hombre y no podía faltar a su compromiso con los trabajadores. El entierro de los líderes sindicales fue una verdadera manifestación popular”.

A instancias de Gela supe que Carmen Golacheca García fue la primera enfermera de esta localidad. Que se inició en esos menesteres con el doctor Arturo de Quesada, abuelo de Ricardo Alarcón de Quesada, actual presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, colaboró con el Movimiento 26 de Julio a través del envío de medicamentos hasta la Comandancia de San Miguel, la venta de bonos y que en 1960 conoció a Fidel en el Hotel Habana Libre.

Nota del autor: Tiempos después de este testimonio fallecieron las hermanas Golacheca García.

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