Amancio, agosto 22 (RM) Cualquier persona que pretendiera incursionar en los pasajes y vericuetos del Movimiento Obrero y Comunista, o en los detalles imprescindibles de la vida del líder sindical Amancio Rodríguez Herrero, debió, obligatoriamente, consultar a Gualberto Ruiz Bolaños.

Con este hombre cuyo rostro descubría los rasgos de sus ancestros africanos a sus 94 años, conversé con la recomendación de encontrar en él una verdadera enciclopedia o archivo viviente.

Bolaños, como todos lo nombraron, se aplatanó en el antiguo Central Francisco, después de deambular por ingenios azucareros y colonias cañeras de la otrora provincia de Oriente, cumpliendo tareas y misiones del Movimiento Comunista, para ese entonces dejó para siempre su natal Cascajal, localidad de la región central del país.

“Yo vine para El Francisco”, me dijo en aquella conversación, por orientación del Partido (Socialista Popular). “Trabajaba en un seccional grande que radicaba en Buey Arriba. En esa época conocí la represión por mis ideas (…) Aquí los primeros contactos los establecí con los compañeros del Partido, entre ellos con Arsenio Yero, que en ese entonces era el secretario general”.

“A Amancio lo conocí por las relaciones que tuve con integrantes de una célula que había en la Colonia de La Lomita. Era joven, con tremenda actitud y condiciones para la dirección política, con capacidad para movilizar a las masas”.

“Amancio me simpatizó mucho. Tenía un carácter venerable. Era simpático, pero en su momento actuaba con energías, sobre todo cuando se enfrentaba a una injusticia. Tenía la virtud de un humanista, sentía particular inclinación por el Movimiento Sindical. Tuve la suerte y el privilegio de en un inicio ser su compañero de cuarto y su amigo”.

“Como hijo de español, Amancio era bastante blanco, de mi estatura. Serio en sus planteamientos, una gente que abrazó las ideas del Partido y a ellas dedicó lo más puro de su vida. Ganó la admiración hasta de los contrarios a su ideología”.

“La dirección partidista valoró su capacidad de dirección e integralidad moral y ética y trabajó para ponerlo al frente del Sindicato Azucarero del Central Francisco y sus Colonias. Puesto en el que se mantuvo hasta la muerte. Era un gran compañero y por sobre todas las cosas un verdadero ejemplo de militante comunista”.

Gualberto Ruiz Bolaños hace un alto en la conversación. Sus nonagenarios ojos asumen un brillo inusual; con su voz pausada  como en un susurro me dice que “en ocasiones soñaba con Amancio, que lo veía agitando al proletariado, reunido en cañaverales, el piso de azúcar o en cualquier rincón donde se defendieran los derechos de los trabajadores”.

Así, tejiendo entramados en los recuerdos, este hombre, que fue fundador del Partido Comunista de Cuba, me contó de sus muchos años de labor en los ferrocarriles; de su familia, el orgullo de ser Cincuentenario de la Industria Azucarera y el honor de haber merecido la confianza y la consideración de su amigo y compañero Amancio Rodríguez Herrero.

Nota del autor: Tiempo después de este testimonio falleció el compañero Gualberto Ruiz Bolaños.

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