El pueblo movilizadoAmancio, 20 de agosto (RM) A Francisco Suárez Calderón sus compañeros de travesuras infantiles lo bautizaron con el sobrenombre de “Paco Furia”. Cuentan que el mote sobrevino por su carácter explosivo y una actitud presta a la discusión y el debate.

Aunque Paco, que heredó de su padre, quien fuera militante del Partido Socialista Popular, el temple y la fogosidad, era muy joven, fue en su propia casa donde quedó impregnado por la personalidad de “un hombre bonachón, incorruptible, de firmes principios y amor inigualable por la justicia y a quien algunos compañeros llamaban “El Gallego”, pero que trascendió en nuestra historia como el destacado líder sindical Amancio Rodríguez Herrero.

“Yo vivía detrás del Cementerio Viejo, me comenta Paco. Amancio todos los días pasaba por allá. Mi padre lo llamaba, conversaban y tomaban café. Ahí comienzo a conocer su radical posición a favor de las luchas de los trabajadores. Tengo que decirte que Amancio era de carácter afable, un hombre dulce y muy educado”

“Yo te digo que a Amancio lo recuerdo como si fuera ahora. Fíjate que cuando voy al cementerio a llevarle flores a mis viejos, siempre pongo algunas en su tumba (…) eso es algo que llevo como una obligación”

“Cuando asesinan a Amancio y a Oviedo yo apenas tenía 17 años, pero quiero decirte que no me perdía una de sus asambleas. Por suerte, digo por suerte porque vi cuando los mataron”

El pueblo movilizado“Recuerdo que estaba hablando el traidor de Oscar Páez, diciendo barbaridades y una sarta de mentiras. Amancio pide la palabra con energía. Yo estaba a su lado con un sombrero en las manos. Al subir Amancio a la tribuna, que era de madera, Oscar Páez saca un revólver corto, de color negro, le dispara a mansalva. Ahí mismo se formó el tiroteo, todos salimos corriendo…”

“Ya en la puerta de salida del Sindicato, José Miguel, un gordo que era estibador, gritó: ¡caballeros no corran, que han matado a Amancio y Oviedo!. Regresamos y recogimos los dos cuerpos inertes que fueron llevados al hospital en el propio carro de José Miguel. De ahí se sacaron los cadáveres y se llevaron en camillas para sus propias viviendas”.

El tono de la narración de Francisco Suárez Calderón, adquiere ribetes más dramáticos y con la vista escudriñando el pasado, para él cercano en su mente, recuerda con nitidez los pasajes del entierro de los líderes ultimados en el Sindicato y el homenaje que el pueblo y los trabajadores del antiguo central Francisco rindieron a los próceres proletarios.

Lázaro Peña en el sepelio de Amancio y Oviedo“Al llegar al cementerio había un guardia rural en cada poste de la cerca armado hasta los dientes. La gente no les hizo caso alguno. A la entrada del camposanto convergieron las dos procesiones fúnebres. Nadie se intimidó. El primer orador en ese entierro fue José Caridad Rodríguez; le siguió Ursinio Rojas y el resumen lo hizo Lázaro Peña. No olvidaré jamás que Lázaro reiteró en tres ocasiones: ¡algún día este central se llamará Amancio Rodríguez!”.

“Y mira lo que son las cosas, no fue hasta el seis de agosto de 1960, que esa profecía se hizo realidad y la voluntad popular y proletaria, escribió con trazos de rebeldía y justicia el nombre de Amancio Rodríguez en las humeantes chimeneas del otrora central Francisco”

“Ese día, cuando se iba a nombrar el administrador del ingenio después de la intervención, se convocó a una reunión frente a las oficinas. El compañero Vivian Brown, dirigente de aquel tiempo, preguntó qué nombre debía llevar el ingenio. Salté inmediatamente y propuse el de Amancio Rodríguez, fundamenté la propuesta. Todos estuvieron de acuerdo y desde esa fecha este central perpetúa la memoria de un gran hombre”.

Así, sin darse cuenta Francisco Suárez Calderón, el Paco Furia de la infancia, fundió en las páginas de la historia un nombre que más que signar a una empresa, cimentaba el camino del homenaje imperecedero.

NR:
- Tiempo después de este testimonio el compañero Francisco Suárez Calderón falleció.
- Fotos del archivo histórico de Amancio Rodríguez.

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