Lázaro Peña en el sepelio de Amancio y OviedoLázaro Peña en el sepelio de Amancio y Oviedo

El 16 de octubre de 1917, nació en el poblado de Cuatro Caminos, en  Cascorro en la provincia de Camagüey,  Amancio Rodríguez Herrero,  hijo de padres humildes, quienes desde pequeño, le inculcaron sentimientos de humildad y sencillez.

Desde muy temprana edad este joven, revolucionario por excelencia,  inició las luchas por los derechos del pueblo trabajador, con mayor énfasis en los trabajadores del sector azucarero del cual formaba parte.

No tenía hora, ni día para atender las inquietudes de sus compañeros, quienes lo consideraban valiente y decidido. Hoy lo recuerdan aquellos que convivieron junto a él, este hombre que se convirtió en una amenaza para los que defendían los intereses de la compañía, motivo suficiente para que se le ordenara a sus esbirros arrebatarle la vida a cualquier precio.

Fueron los mujalistas los encargados de cumplir la encomienda, sin pensar que entre ese colectivo de hombres dedicados a producir el llamado oro dulce, habían muchos Amancio que continuaran su lucha.

El no debía asistir a aquella asamblea, pero su sentido de responsabilidad lo llevó a que ante la multitud que lo apoyaba, recibiera un disparo certero y callera mortalmente herido, siendo asistido de inmediato por su compañero de lucha José Oviedo Chacón, quien también perdió la vida.

Hoy y desde  hace 69 años, los trabajadores azucareros lo recuerdan con gratitud y amor, pues demostró que con  razón y dignidad se vence,  que no importa que caiga uno, dos o tres, lo que importa es que quienes queden continúen la lucha para que entonces la muerte no sea en vano.

Quizás por ahí quede algún mujalista que memorice a brutal hazaña, pero estoy segura que existen muchos más, que aunque no le acompañaban aquel día de su partida obligada, lo recuerdan y siguen su ejemplo y como digno homenaje se comprometen a apoyar el desarrollo del país desde sus puestos de trabajo, ya sea en el surco o entre los hierros del central.

Por su ejemplo,  consagración y constancia en la lucha por los derechos de los trabajadores azucareros, Amancio y Oviedo ya no están físicamente entre nosotros pero siguen ahí, siendo  ejemplo de  unidad y compañerismo,  valentía y responsabilidad, valores que deben predominar en  la masa trabajadora, que hoy se siente satisfecha al ver hecho realidad que desde 1960 nuestro central dejara de llamarse Francisco Sugar Company para llevar por siempre y con dignidad el nombre de Amancio Rodríguez.  

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar