Vista del central Amancio Rodríguez. Foto: Del Autor
Vista del central Amancio Rodríguez. Foto: Del Autor

Vienen a mi mente, como en secuencia cinematográficas, imágenes de los jolgorios que signaban el inicio y final de la zafra,  en tiempos en que el ingenio era, por mucho, nuestra primera y principal industria.

Y no solo lo era en el orden económico y productivo. En lo emocional representaba algo que nos distinguía y llenaba de orgullo. Aquello de ver las hileras de hombres y mujeres apasionados por las caricias de los añejos hierros, resultaba idílico. ¿Quién puede olvidar los pitazos de alegría del ingenio marcando cambios de turno o cumplimiento ?

El olor a melaza y  bagacillo inundaban cada rincón del viejo Batey que se aferraba al crujir de la maquinaria triturando sin piedad cada trozo de caña para extraer gota a gota el guarapo que luego se convertiría en granos para endulzar los sudorosos rostros de sus fabricantes.

Y es que la zafra no sólo era aquella actividad cargada de simbolismo que inspiraba y retaba; estimulaba e invitaba al matrimonio entre el esfuerzo, la consagración y los resultados; era parte de nuestras propias vidas, era ese jalón indescriptible que animaba,  esperanzaba y todos esperaban, como el sol al amanecer..

Y no es que hoy todo sea diferente, pero no es igual. Incumplimientos repetidos, limitaciones materiales y espirituales, lastran, quiebran y hasta hacen olvidar que la zafra sigue siendo tan necesaria e imprescindible, como antes.

Grietas en salarios, cuestionables desatenciones ahogan motivaciones de mujeres y hombres  que en sus cotidianos laboreos en cañaverales, tachos, centrífugas y molinos, entregan alma y corazón para mantener las volutas de humo en las chimeneas del ingenio.

No se trata de buscar lunares. Resulta prudente encontrar luces donde algunos ven oscuridades. Basta empinarse en nuestra historia y realidades actuales. Despojarnos de inercias estériles y recuperar lo que por tradición y destino nos pertenece.

Cuando en diciembre el movimiento de la vieja maquinaria indique el inicio de una nueva contienda,  cada cual haga los que le corresponde y lo haga bien, convencido de que el altruismo individual endulzará las bonanzas colectivas y rescatará para el bien de todos una actividad económica que nos distingue como pueblo e incrusta en el universo, el orgullo de sabernos hijos de la caña de azúcar en su matrimonio con el trabajo creador.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar