Velar por la vida es sin lugar a dudas una profesión de infinito amor, cuanto consagración y desvelo se encierran  en esas personas que se integran al cuidado de otros.

Sus impecables uniformes blancos inspiran paz, confianza, significan humanismo y solidaridad.

Con que ternura, con que pasión son capaces de amar la vida del prójimo estas personas que se entregan sin condiciones y velan días, meses, años el desenvolvimiento de un paciente y que alegría que satisfacción ver cada día un signo de recuperación.

Ellos lo mismo acompañan en sus últimos momentos a un paciente en estadio terminal que anuncian la llegada de una nueva vida.

Los que integran este ejército de luz son incondicionales y no importa la hora, el lugar o las condiciones su misión es curar el cuerpo y el alma.

Por eso seria imperdonable hoy dejar pasar por alto la ocasión de felicitar al médico, la enfermara, al técnico, a la cocinera, el camillero, al custodio, al auxiliar de limpieza, al chofer, al personal de apoyo, en fin a todos los trabajadores del sector de la salud, esos que de una forma u otra con su hacer diario elevan la esperanza y la calidad de vida de nuestro pueblo.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar