Doctor Oscar Santana Fonseca, amanciero que presta colaboración internacionalista

Pude apreciarlo desde sus primeras letras, el sentimiento genuino de apego a lo patrio brotaba en cada  símbolo. 

- Aquí ustedes pueden hacer un reportaje para que la gente vea lo que representa CUBA.

Plasmó el nombre sagrado de la patria así, en mayúscula; cada letra parecía arrancada de lo más hondo de su añoranza.

- En las tres semanas namibianas de mi vida, vi muchas cosas lindas en la capital, mercados repletos, autos lujosos, avenidas inmensas.

Así describía sus vivencias, con tanta claridad que lo pude ver moverse en aquella escena.

- Ahora  estoy en un lugar que se llama Eenhana, al norte de Namibia, a pocos kilómetros de Angola; aquí la película es diferente, es la otra cara de la luna. Un pueblo pequeño, debe caber 3 o 4 veces dentro de Amancio. Con muchos vendedores ambulantes y predominio de la extrema pobreza.

Y me detalla entonces un cuadro inimaginable para los nacidos en esta tierra.

- Nunca pensé ver niños de un año con tuberculosis, una niña de 10, adicta, con el abdomen inflamado y posible tuberculosis también.  Uno que tiene hijos pequeños tiene que ponerse duro, se le parte el corazón, allá no pasa eso.

La comparación cargada de orgullo, orgullo de un sistema que aunque perfectible, es ejemplo y guía; donde los niños son prioridad y esmero permanente.

- El trabajo es duro, primero en sala, luego en consulta, se ven muchos pacientes, se trabaja de 8 de la mañana a 5 de la tarde, de lunes a viernes con fin de semana libre.
Entonces lo imagino aquí, en su bicicleta recorriendo las áreas de salud o deambulado por los pasillos del policlínico con servicios de hospitalización Luis Aldana Palomino de Amancio.

-Ya he lavado y planchado como nunca en mi vida, también incursiono en la cocina. La casa es buena, con detalles pero especial; sin televisión ni Internet; yo ni soñar con llamar, pues es muy caro, el Facebook no puedo, me chupa la sangre; esta es la mejor manera, el correo.

El cubaneo aflora, está ahí esa capacidad innata que tenemos para adaptarnos a cualquier circunstancia, por dura que parezca. Lo llevamos en la sangre. Ayer fueron otros, hoy es él, mañana puede ser cualquiera. Es el Doctor Oscar Santana Fonseca, un amanciero que presta  sus servicios en uno de los rincones más olvidados de este mundo. Oscarín, como lo conocemos en estos lares, ostenta una experiencia de 21 años como médico y 18 como Especialista de primer grado en Medicina Interna.

-Extraño tanto a mi pueblo, esperemos cuando comience a coger plata no pierda la memoria, aunque no me educaron para eso. Un abrazo para todos.

En 1960,  comenzó la ayuda médica cubana, con el envío  a Chile de una brigada para atender a damnificados del terremoto que afectó a ese país. Hoy la colaboración nuestra en materia de salud llega a 67 países. 

Ciento 48 colaboradores amancieros del sector prestan hoy su ayuda solidaria en diversos rincones del orbe; en Brasil y Venezuela, fundamentalmente, aunque los países africanos también reconocen nuestra presencia con tres profesionales en Arabia Saudita,  uno en Gambia, uno en Angola y dos en  Namibia, donde se encuentra el inspirador de esta entrevista. 

Aquí seguiremos Óscaro, sirviendo de puente entre tú pequeña y  añorada tierra caribeña y la inmensa y dolida África: la otra cara de la luna.

Doctor Oscar Santana Fonseca, amanciero que presta colaboración internacionalista

Doctor Oscar Santana Fonseca, amanciero que presta colaboración internacionalista

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar