Luis Martí Casas, poeta amanciero. Foto: Rafael Aparicio Coello
Luis Martí Casas, poeta amanciero. Foto: Rafael Aparicio Coello

La muerte del comandante
se trueca en eterna vida
a través de la avenida
del socialismo triunfante.

Sigue adelante, adelante,
el barbudo de la sierra.
Y mientras Fidel se aferra
al sol de la eternidad
comparte su dignidad
"con los pobres de la tierra"

Nuestro Fidel Castro Ruz
sin reconocer la muerte
exprime el sol de la suerte
y se hace un traje de luz.

Su cruz es la misma cruz
de los Maceos Grajales,
y ahora sus ideales
brotan como el agua pura
entre la nomenclatura
de los hombres inmortales.