La muerte no es verdad cuando se ha escrito bien la obra de la vida por ello Amancio Rodríguez y José Oviedo Chacón son inmortales. Ellos viven en el corazón de su pueblo que los acompaña y los enaltece cada día.

Hombres de humildad y entereza sin igual, no aspiraron a la gloria, ni a escalar el pedestal de los héroes, pero allí están porque cumplieron su misión de ser más útiles donde el deber los llamó y desde el recuerdo y el ejemplo continuaron la lucha en defensa de los más humildes.

Sus muertes no significaron el final del camino porque otros levantaron las banderas y las hicieron suyas para que sus ideas no murieran.

No hizo falta ensalzarlos sus méritos los ganaron por derecho propio por la confianza que depositaron entre quienes les conocían.

Los lideres azucareros caminaron junto al obrero, conocieron las penurias del campesino, del sabor amargo del azúcar hecho del sacrificio y del sudor de sus compañeros, por ello rodilla en tierra juraron levantar sus voces para vindicar los derechos de los más humildes.

Y como dijo el Capitán de la clase obrera Lázaro Peña, en el sepelio de los héroes, un día el crimen sería vengado y el central llevaría el nombre de Amancio, luego de una década la sentencia se hizo realidad el y allá en lo más alto de las humeantes chimeneas, permanece junto a su compañero de lucha José Oviedo Chacón y desde lo más alto gozan de la obra que juntos ayudaron a construir y se enorgullecen de ella.