Luis Martí CasasLuis Martí Casas es de esos hombres que, a mi modo de ver, buscan en cada aparte de la vida cotidiana una justificación para regalarnos lo más exquisito de su arte por intermedio de la décima.

Y es que este amanciero, nacido entre palmares y los olores indescriptibles de nuestros campos, se deja atrapar desde muy pequeño por la prosa que nace desde lo más profundo de sus raíces.

Conversar con él deviene en recuerdos de cuando galopaba por las comunidades rurales y no se explicaba cómo le salían aquellos versos inspirados en lo más autóctono de la cultura campesina.

Para él los 16 premios nacionales obtenidos en su carrera, las 2 menciones en eventos internacionales y sus 2 libros publicados, no tienen mayor significado cuando se trata de enseñar lo que sabe de esa métrica imperfecta, heredada de “El Cucalambé”.

Fue profesor de la escuela de repentismo “Ermeides Pompa Tamayo”, en esta sureña localidad tunera, y junto a Vicente Zayas,  su más fiel discípulo, llegó a cosechar frutos y reconocimientos a nivel de país.

El grupo campesino “Rumores del Yáquimo” es testigo de su dedicación y disciplina, hace alrededor de 50 años. Una agrupación que este decimista dignificó con su presencia.

Hace un año  Luis Martí Casas decidió jubilarse; sin embargo la décima es como un fantasma que permanece en él y que aún lo obliga a improvisar, a pesar del descanso merecido.