Plaza martianaAquel 20 de octubre cuando Perucho Figueredo regalaba a los cubanos las primeras notas del Himno de Bayamo, marcaba la fecha ineludible de la cultura en la mayor Isla del Caribe.

Con esta hazaña comenzó la gran aventura insular como un espléndido crisol de cubanía. El ajiaco criollo que unió en un tronco común a la sangre hispánica con la afroantillana, adquirió nuevos colores.

¿Cuántos de nosotros no se ha dejado atrapar por la majestuosidad de un cuadro de Portocarrero, Wifredo Lam o Aliacia Leal? En más de una ocasión cerramos los ojos e imaginamos pasajes de la vida, con solo escuchar la melodía que invade las cuerdas de un violín.

Cultura va más allá de una puesta en escena o del más controversial de los trovadores. Es invadir el espacio donde se dan cita la creación y el artista; es disfrutar de una puesta de sol hasta el cansancio y escribir el más sensible de los cuentos para niños.

Es imbuirnos en la métrica imperfecta  que, combinada con la prosa, lancen la auténtica amalgama literaria hacia la aurora perdida en la maleza.

Cultura significa Cucalambé; es sinónimo de entrega, equívocos, aplausos. Es sentir que por nuestras venas late un torrente sanguíneo heredado de Félix Varela, José Martí, José de la Luz y Caballero, Ernesto Guevara y el querido Fidel.

Significa andar por senderos pedregosos, guiados por la Bandera de la Estrella Solitaria. Amarla es tu cultura, la mía, la nuestra. Cultura es Cuba.