El danzón es un género bailable derivado de la danza criolla. Su nombre es el aumentativo de danza, aquel baile colectivo de figuras, tan de moda en la segunda mitad del pasado siglo XIX cubano.

Según afirman algunos conocedores, las más nuevas generaciones de cubanos están llamadas a preservar nuestro baile nacional.

Y es que, la modernidad con sus ritmos tan dinámicos, se impone y ha hecho que este baile se haya convertido en algo propio de abuelos; pero ya se nota una preocupación por su rescate y no serán pocos los que vuelvan a conocer al menos su cadencioso ritmo y echen unos pasillitos, aunque con nuevas sonoridades, como la evolución exige.

En Amancio existió por un tiempo un activo movimiento danzonero, que llegó a tener casi 100 afiliados, con presencia en eventos provinciales, amplio reconocimiento local y nacional y una renombrada tradición.

Circunstancias y contextos conspiran a veces para que los mejores y  más nobles proyectos que el hombre crea, decaigan y se marchiten. Pero, a mi juicio, el factor humano tiene la gran responsabilidad de conservar una reliquia cultural, que bien pudiera engrosar el listado del patrimonio de la humanidad.

¿Qué labor de formación de relevo desarrolló el Club Amigos del Danzón “Antonio Arcaño”?, ¿se priorizó el trabajo con las nuevas generaciones, interesadas en cultivar ese baile?.

A pesar de imponderables, los amancieros amantes de esa expresión cubanísima, hoy persisten en este empeño y se mantienen arraigados al proyecto sociocultural.

Decir danzón no solo implica el rescate de valores y raíces tradicionales que el mismo entraña, sino de mantener viva para la posteridad la elegancia y armonía de un baile que se ganó el derecho a formar parte del acervo artístico y patriótico de la nación.

Revivirlo va mucho más. Hay que salvarlo con urgencia, porque con el danzón, también salvamos del olvido a nuestra cultura, identidad y a nuestra rica historia patria.