La vejez es un proceso continuo de crecimiento intelectual, emocional, psicológico y un momento en el cual se hace un resumen de lo que se ha vivido. Innumerables son las historias y anécdotas que acompañan a una mujer amanciera, cuyo mérito envidiable es haber disfrutado de una larga vida.

Quiso entonces el destino que Eleucrecia Vázquez Vázquez, residente en la calle 26, del reparto Nueva Paz, en este municipio de Amancio, viera la luz el 8 de septiembre de 1903, o sea que hoy arriba nada y nada menos que a ciento nueve años de edad.

Eleucrecia es una mujer sencilla y humilde, que cuenta con el cariño de sus hijos, nietos, biznietos y choznos, siendo el alimento fundamental que emplea para mantener su vitalidad.

Todavía se mantiene activa. En un lateral de su vivienda, nacen robustas plantas de ají, las que protege como a un pequeño; por eso es de extrañar el día que no se ve temprano en la mañana con su jarita de agua regando sus maticas.

Con especial desenfado, Eleucrecia dice sentirse incómoda, pues la familia no la deja contribuir a los quehaceres del hogar.

La memoria vuela al pasado. Recuerda el modo de vida de los cubanos en gobiernos como los de Grau San Martín, Estrada Palma, Menocal, Machado, y Batista, pero ninguno es tan humano y digno como la Revolución dirigida por Fidel.

Agradece que las generaciones más jóvenes de su prole tuvieran la oportunidad de estudiar, de formarse, de trabajar, y aportar al desarrollo de la Patria.

El Estado cubano garantiza la plena felicidad de sus ciudadanos, y en el caso de los ancianos la política es propiciarles espacios donde se sientan útiles y amados.

Garantizar una longevidad activa y feliz es la respuesta que se busca en Cuba ante el inevitable envejecimiento de la población mundial, y Eleucrecia Vázquez  Vázquez es un ejemplo de ello.

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