Un vivo ejemplo de estoicismo y resistencia lo es sin dudas nuestro pueblo que a lo largo de estos más de 46 años de lucha y revolución ha sabido crecerse ante los obstáculos interpuesto por el bloqueo del gobierno de los Estados Unidos.

En disímiles facetas se recogen los resultados de esa guerra económica que ha socavado el estándar de vida de los cubanos, llevándonos a adoptar estrategias dignas en ocasiones de récords Guinness.

El transporte fue uno de los tantos servicios seriamente afectados, recrudecido fundamentalmente a partir del derrumbe del campo socialista cuando cubrir la menor distancia podría ocuparnos un día y buen dolor de cabeza tras el estrés.

Me vienen a la mente las imágenes de las personas colgadas en los estribos de los ómnibus, abordando vehículos en marcha o durmiendo en terminales para poder reservar entre otras vistas que llegaron a ser parte de nuestra cotidianidad.

Previo a la década del 90 Amancio contaba con un parque de 57 guaguas, 11 carahatas, 36 autos, una lancha y una avioneta, en las que se podía viajar a cualquier rincón de la localidad o más allá de nuestras fronteras, tan lejos como Ciudad de la Habana, Santiago de Cuba, Camagüey y las Tunas.

De allá hasta acá mucho ha llovido como decimos en buen cubano y hasta sequías nos han azotado hasta el punto que solo contamos con 16 ómnibus, de los cuales solo 6 están semiactivas y cuatro carahatas, de ellos uno roto.

Hoy el acto del transporte en guaguas casi constituye una obra del milagro de mecánicos, choferes y hasta usuarios que en ocasiones cooperan con las constantes roturas que presentan las mismas, luego de 15 o más años de explotación sin tener medios para un mantenimiento efectivo.

Desde un bombillo hasta el motor, pasando por neumáticos, combustibles, lubricantes, metales, bielas y cualquier accesorio pueda tener un ómnibus hasta las propias herramientas para las reparaciones se encuentran en déficit.

Todo ello gracias al bloqueo comercial y financiero norteamericano que cada día sufre mutaciones para hacerse más inmune a nuestras soluciones pero que no doblegará jamás la voluntad de un pueblo que se resiste a ser derrotado.