Coronavirus SarsCov2

“No es lo  mismo llamar al diablo que verlo llegar”, así  decía mi abuela cuando la cosa pintaba mal. Es un refrán, proverbio, máxima o  sentencia que establece la diferencia entre la amenaza del peligro y el encontrarse en medio de él.

Cuando el ya muy querido Doctor Francisco Durán, director nacional de Higiene y Epidemiología, confirmó lo que ya los amancieros sabíamos, pero no queríamos saber, fue un choque, fue como ver llegar al diablo. 

El primer caso positivo a la Covid-19 en Amancio fue todo un impacto terrible.
 
Pensé, en primer lugar, en mis padres, con más de 60 años y dolencias asociadas a la edad; en mis nietas pequeñas,  una de ellas, salvada al nacer por el sistema cubano de salud, con cardiopaíta–secuela de un parto traumático.

Pensé  en mis hijos, en mis vecinos, en mis compañeros de trabajo llevando adelante una labor altruista para mantener informado y actualizado al pueblo, en fin… vi llegar al diablo.

La experiencia humana lleva consigo gran enseñanza y en muchas ocasiones estas se transforman en frases que permiten que otros aprendan una lección.

Los refranes  son comunes, no solo ofrecen aprendizaje, también son íconos en nuestra cultura.

Y si de ellos hablamos,  se trata de “coger al toro por los cuernos” -en este caso- al diablo-. “No podemos llorar ahora sobre la leche derramada”. No se trata solo de temerle al problema, sino de encararlo y dominarlo para ponerle fin.

Ya no vamos a hablar de percepción del riesgo, se trata de responsabilidad individual,  esa que te salvará y que salvará también a tu familia, a tus amigos.

Responsabilidad que no es otra cosa que compromiso, el compromiso que tiene todo ser humano de cuidar su salud, su vida porque “más vale prevenir que lamentar”. Precaver es una manera inteligente de evitar males mayores y si tú te salvas, me salvas.

“Dios aprieta pero no ahoga”, dijo una vecina. La vida en ocasiones nos pone a prueba, pero siempre seremos capaces de salir adelante si ponemos empeño porque “querer es poder”.