No somos números

Las Tunas.- Por suerte aún tengo la habilidad de recordar números importantes que me han marcado con el paso de los años. Cuando estaba en la Enseñanza Primaria mi orden en la lista era el ocho; a los 13 di mi primer beso; el escalafón para ingresar al Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas, el seis; 96 la nota final de Física; 98, 100, 100, las calificaciones para acceder a la Universidad.

Me sé los teléfonos de mis seres queridos, los que más empleo. Por uno de esos números terminé una vez en la Fiscalía, con un ojo morado, denunciando el robo de un móvil.

Tengo incorporado a mi conciencia y subconsciencia el carné de mi madre, de pi a pa. Algunos dígitos como el 12, el 66 y el cinco me definen; y gracias al 81 gané el único sorteo de mi vida. Pero detrás de cada uno se esconden las más sugerentes historias. Aún recuerdo mi despiste cuando la maestra nombraba mi número de la lista, y yo perdida pensando en las “musarañas”.

Así es como los números guardan nuestras memorias. Solemos ver el mundo a través de una regla, lo queremos medir todo cual topógrafos y si no nos gustan esas longitudes vamos a medir otros objetos. Contamos con los dedos de las manos los chances que damos, los pisos de los edificios, las paradas antes de llegar al trabajo, las guaguas que se nos van, los hijos de la mujer que nos mira los zapatos.

No somos números, pero haríamos lo imposible por caber en los soñados “90, 60, 90”; por tener una arruga menos y una vida más para disfrutar del millón de cosas que queremos hacer.

Los números nos apresan y si descompletamos un dedo de los cinco originales por accidente, nos sumimos en una gran depresión, aunque con cuatro resolvamos lo mismo.

Y viendo la vida, a través de la pantalla del televisor, comprendo que todavía no hemos aprendido a apreciarlos como lo que realmente son: vidas.

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Cada día se habla de una cifra que puede ser 487, 330, 530. Este es fijado como un patrón en la psiquis de las personas. La gente pregunta y otros responden alarmados: ¡530!

-Oh, cada día aumenta-dicen muchos. Y se van a organizar otros dígitos que rigen sus rutinas: el de la cola, el del monedero y olvidan que fueron 530 los contagios del día y cuatro los fallecidos.

Cuatro, un número par, con tres divisores ( uno, dos  y él mismo). Es el que resume cuatro vidas, un sinfín de historias. Puede esconder nombres como María, Pedro, Xiomara, Luis; preocupaciones como las tarifas de la electricidad, la construcción de la casa, los zapatos que hay que comprarle al niño, la jubilación que no llega, sueños de viajes, de amores, expectativas de superación profesional, de encuentros.

El cuatro puede incluir otras cifras: la cantidad de hijos, de nietos, de hermanos. La cantidad de ropa que quedará colgada en el escaparate, de zapatos, el menudo rezagado en un bolsillo del pantalón.

Y contando se nos fue el tiempo ¿Ya ven cómo hay historias detrás de cada número? Pero nada de eso se sabrá si nos convertimos en uno. Si un día entre los 487, los 330 o los 530 estamos incluidos nosotros nadie reparará en que no somos números, en que somos más que eso: ¡carne, huesos, sueños, aspiraciones, vida!

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Fuente: Tiempo21