Plan cumplido, necesidades pendientes Plan cumplido, necesidades pendientes

Las Tunas.- Culmina el año y para muchas entidades estas últimas semanas se convierten en una carrera contra el tiempo para cumplir sus planes productivos o de ingresos. Con las nuevas reglas del juego económico en el país, quebrantar tales compromisos tiene repercusiones que como un efecto dominó afectan las inversiones y los salarios de los trabajadores, entre otros aspectos del funcionamiento de una empresa.

Entonces aparecen las soluciones a problemas que durante todo el año parecían nudos gordianos o se despereza la creatividad y el emprendimiento para la gestión de venta o el incremento de la productividad. Esta es la etapa en que comienzan a verse en las tiendas productos que se consideraban en peligro de extinción, o la prensa comienza a informar de récords productivos para una jornada como consecuencia de la precipitada carrera contra el fin del calendario y las exigencias de la planificación. Y cuando la meta parecía imposible finalmente, in extremis, se obtienen los resultados esperados. La pregunta sería ¿realmente la economía se benefició con tales apuros?

La contabilidad y la estadística pudieran hablar de sobrecumplimientos en los ingresos o duplicación en las producciones físicas, pero sigue sin traducirse, por ejemplo, en la rebaja de precios o una mejor calidad y diversificación en los servicios.

El economicismo es una corriente de pensamiento que reduce todos los hechos del comportamiento de una sociedad a criterios económicos. Carlos Marx advirtió sobre sus peligros y estableció distancia en sus escritos y análisis. Lamentablemente la concepción ha vuelto por sus fueros en los últimos años y corre el riesgo de contaminarse con otras modas en boga como el consumismo y el egoísmo social.

El economicismo sirve para explicar que empresas con muy buenos dividendos, lo que justifica altos salarios a sus trabajadores, se encuentren entre las que mayor cantidad de quejas de la población reciban como resultado de la baja calidad de sus servicios. También justifica que unidades productivas exhiban sobrecumplimientos exorbitantes (lo que denota que el plan fue mal elaborado), pero esos productos luego se estancan en los almacenes porque no son necesarios, tienen muy mala calidad o sus precios han sido inflados para obtener ingresos a costa de los clientes.

En la misma cuerda se encuentra el espejismo del éxito de los planes en valores y las deudas en las producciones físicas. Ello significa que se produjeron mercancías o se ofertaron servicios caros mientras fueron menores los bienes de consumo entregados al mercado y a la población.

A ello habría que agregar que antes de dar golpes en el pecho de orgullo deberían preguntarse realmente qué porcentaje de la capacidad productiva representa el plan, cuáles sectores del mercado son satisfechos con esas mercancías o prestaciones o qué impacto real tienen en la sustitución de importaciones y la resolución de problemas cotidianos de la gente.

Se sabe de las tensiones financieras para asegurar las importaciones implicadas en determinados procesos productivos o de las constantes reducciones al presupuesto y los portadores energéticos, pero los análisis económicos deberían tener en cuenta estas situaciones y no dejar los resultados a la buena voluntad de la naturaleza o las casualidades.

En el imaginario de un socialismo próspero y sostenible no puede correrse el riesgo de anteponer la riqueza económica a la satisfacción de las necesidades, siempre crecientes, de los seres humanos, que no es lo mismo, porque una necesidad espiritual no siempre se compra con dinero. Ello puede llevar a distorsiones como las que ya se aprecian, en las que un segmento de la sociedad incrementa sus niveles de vida y acapara oportunidades, mercancías y productos, mientras otros se encuentran en desventaja.

Y todo parte del realismo y la sinceridad en la conducción de la economía, en no convertir a los índices económicos en los nuevos fetiches contables, sino en indicadores de la verdadera eficiencia empresarial en contraste con un verdadero incremento de la calidad de vida de la población. Nada dice a la gente común el anuncio con bombo y platillo de un sobrecumplimiento, si sus necesidades aún están pendientes.

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Fuente: Periódico 26