El delegado del Poder Popular está investido de la autoridad moral que le otorga el pueblo. Foto: Del Autor
El delegado del Poder Popular está investido de la autoridad moral que le otorga el pueblo. Foto: Del Autor

El artículo 195 de la Constitución de la República de Cuba refrenda: "los delegados tienen los deberes siguientes: inciso a) mantener una relación permanente con sus electores, promoviendo la participación de la comunidad en la solución de sus problemas". En ese mismo artículo, pero en el inciso d) se expone que el delegado debe "rendir cuenta periódicamente a sus electores de su gestión, conforme a la establecido en la ley (..)" 

Me remito a esos postulados recogidos en la Ley de leyes para fundamentar la tesis de que el delegado del Poder Popular  constituye, sin discusión, la génesis de nuestra democracia, siendo el pilar fundamental donde descansa la real vinculación de los elegidos con sus electores.

El delegado del Poder Popular está investido de toda la autoridad moral que le otorga su condición de representante de la demarcación, considerada la célula básica del gobierno popular  más cercana a los electores, la circunscripción.

Allí, en pleno barrio, con los más allegados vecinos proponen y eligen a su líder natural, teniendo como sostén y motivación los méritos y una trayectoria signada por la ejemplaridad y la pulcritud en el accionar comunitario y social.

Por eso, en el proceso de rendición de cuenta del delegado se materializa un acto de fe cuando el elegido llega ante sus electores,  y en fraternal encuentro conversa de las particularidades del barrio, el municipio, el país y el mundo.

Particular relevancia asume la relatoría de su gestión ante el quórum que conforman quienes conviven en la intimidad de una cuadra, una manzana o simplemente en la barriada de los ajetreos comunes, el mismo de las colas, realizaciones, aspiraciones personales y colectivas.

En ese intercambio, el delegado no va recopilar planteamientos y quejas, por el contrario, compulsa el análisis objetivo y real de cada inquietud, para junto a su grupo de trabajo comunitario encauzar las soluciones que correspondan al vecindario, o en su defecto, solicitar la colaboración de las administraciones locales con ese propósito.

En los días que corren, los efectos del criminal bloqueo complejizan soluciones, a la par que se incrementan insatisfacciones, de ahí que la inteligencia unitaria se convierte en una poderosa arma para trocar lo feo en oro, como dice la trovadora.

Con los pies sobre la tierra y la mano en el corazón del país  debemos dimensionar la voluntad, encontrar soluciones, esclarecer hasta la saciedad toda duda, a la vez que estimulemos las buenas y creadoras acciones.

La rendición de cuenta no es un acto exclusivo del delegado. Es un derecho conquistado por el pueblo unido cuando abrió senderos de esperanzas, y escribió con sacrificio y mucho amor  la palabra soberanía en la cúspide del Turquino.