Integrantes de los clubes Amor por la Vida y Casi como ayer. Foto: Rafael Aparicio CoelloUn conmovedor encuentro sostuvieron este domingo en Amancio los integrantes de los clubes de la Década Prodigiosa “Casi como ayer” y  “Amor por la vida”, este último conformado por niños y jóvenes discapacitados, junto a sus familiares.

Una ofrenda floral depositada en el Parque de las Madres, en pleno centro urbano local, dio inicio al intercambio.

"Este sensible espacio socializador es la primera vez que se origina", sostuvo Eduardo Álvarez, vocalista y director del grupo Antares, agrupación musical que está cumpliendo en este 2013 el décimo aniversario de creado.

La emotividad del acto arrancó entre los presentes, sentimientos y alguna que otra lágrima.

Carmen Marqués, presidenta del Club "Casi como ayer" entrega a María Cuervo, del Club "Amor por la Vida", de una valija con regalos.ub "Esta es una oportunidad única para nosotros, pues compartimos con niños discapacitados y con su familia que necesitan de nuestro apoyo, incluso hemos bailado con algunos de ellos”, comenta Carmen Marqués, presidenta del Club “Casi como ayer”, quien agregó que entre todos conformaron una valija con regalos para los 11 muchachos.

María Cuervo, más conocida por Marita, es la presidenta fundadora de “Amor por la vida”; ella es madre de Laira, una niña discapacitada con parálisis cerebral infantil (PCI) desde su nacimiento.

“Trimestralmente realizamos actividades para darnos ese espacio, para buscar un poco de energía positiva y olvidar nuestros problemas”, manifiesta Marita con la expresión estampada en sus pupilas de madre amorosa y feliz.

Para resaltar el colorido de la ocasión, participaron niños del grupo danzario “Arcoiris”, una rueda de casino juvenil y el Grupo Antares interpretó piezas antológicas de la llamada Década Prodigiosa, que contagiaron a los presentes.

Foto: Rafael Aparicio CoelloLa actividad culminó con el corte de un gran cake. La alegría reflejada en los rostros de los integrantes del Club "Amor por la vida", reflejó agradecimiento y ternura, como el de Neobannys, un joven de 29 años afectado de PCI, y quien bailó como un trompo, gracias a esta iniciativa. Con su hablar lento y entrecortado dijo: “Yo me siento útil, orgulloso y realizado”.