Las buenas intenciones, cuando son sólidas, fructifican, y si se trata de un evento con un fuerte componente sociocultural, deben ser mayores los esfuerzos y desvelos por lograr que se cumplan los objetivos previstos.

Los amancieros, y en especial los guayabaleros, fueron protagonistas este fin de semana de la decimosexta edición del evento Solyarte 2013, una suerte de fiesta dedicada a rescatar y  preservar la cultura material y espiritual de los pobladores de ese asentamiento ubicado en la costa sur de la provincia de Las Tunas.

Desde sus inicios, Solyarte se caracterizó por su amplio diapasón, que no solo incluye lo propiamente artístico como sostén identitario de las costumbres, tradiciones y modos de vida de los hombres y mujeres que conviven con el mar.

Quizás sea este el único de su tipo en el país por los propósitos que persigue, aparte de la esencia artística y cultural sino por el alcance social, dado que contribuye a transformar el entorno socioeconómico de una comunidad situada a orillas del Golfo de Guacanayabo, con hermosas páginas cargadas de historia y tradiciones combativas y revolucionarias, y un peso importante en el desarrollo de la nación.

El tiempo transcurrido indica que hay madurez suficiente para hacer cada día una obra mejor. Ante todo, se reconoce el apoyo brindado por las entidades administrativas, políticas y gubernamentales amancieras, para el buen desarrollo del convite, si bien se notó poco accionar por parte de las organizaciones de masas, dígase los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), en la movilización de su membresía.

Solyarte es un evento genuinamente popular, y solo este factor clave es capaz de hacer que su trascendencia sea mucho mayor, a través de una fraternal emulación entre cederistas y federadas, que arrastre también a niños, jóvenes, adultos, ancianos, combatientes de la Revolución Cubana, y trabajadores; también los grupos de trabajo comunitario de las circunscripciones desempeñan un papel decisivo en esta convocatoria.

No olvidemos que esta porción de la geografía amanciera, que funciona como excelente balneario en la temporada vacacional,  fue duramente castigada por Ike y Paloma,  dos poderosos huracanes que causaron daños considerables en la infraestructura económica, social e incluso medioambiental.

Solo el trabajo y consagración de los guayabaleros hicieron posible el resurgimiento de esa comunidad, con el ejemplo más trascendente en el moderno y confortable Reparto "José Martí", donde residen muchas de las familias damnificadas por ambos meteoros. 

Aunque la naturaleza jugó una mala pasada, todavía persisten en Guayabal tradiciones y costumbres que deben preservarse para la posteridad.

Y en esta tarea, no solo intervienen los trabajadores de la cultura como constructores y reparadores del espíritu; se necesita aglutinar a todos los componentes comunitarios y administrativos, realizar estudios, diseñar previamente una estrategia multisectorial que convoque y aúne voluntades en pos de un único objetivo.

Sin dudas, que la fiesta de los guayabaleros, que también es de los amancieros y de los cubanos en general, llegó para quedarse. Todavía hay muchas potencialidades por explotar, a partir de los modestos recursos y las inteligencias con que contamos, y algo que es fundamental: la unidad entre todos; con ello Solyarte puede trascender fronteras.