No son los mosqueteros amigos de Dartañán, ni Batman ni el hombre araña. No salieron de un libro de aventuras pero su valentía los hace universales. Son héroes, muchos de ellos anónimos, aunque no llevan antifaz.

Para ellos los días y las noches se pierden en el tiempo y el reloj parece detenerse porque el deber, convoca.

No conocen el descanso ni las horas libres de alguna jornada porque es infinito su empeño en contribuir a una sociedad de hombre de bien. Sus misiones están bien concebidas: preservar el orden público, la tranquilidad ciudadana y la seguridad vial.

Y es que decir Policía Nacional Revolucionaria en Cuba es decir también sacrificio, entrega, disciplina..., orgullo de la nación.

Ejército de vanguardia que se nutre de valientes jóvenes, comprometidos con su tiempo y la época que les tocó vivir. Protagonistas, junto al pueblo, de momentos cumbres de la Revolución Cubana.

En ocasiones malmirados, muchas veces cuestionados y hasta rechazados por la incomprensión propia de los hombres. Pero no importa. Se saben educadores, imponentes, pasivos, promotores de la paz y la armonía aún en recónditos lugares.

Merecedores del cariño y el respeto de quienes agradecen sus horas de desvelo. Porque no reprimen con golpes, ni bombas, ni gases lacrimógenos... llaman al diálogo y al entendimiento con plena fe en el mejoramiento humano.

Esa fuerza imprescindible fundada para defender la patria, luego de 60 años sigue en pie de lucha junto al pueblo. Ejército de avanzada, salvaguarda de la Revolución. Fiel exponente de la frase de Fidel: “El verdadero orden es el que se basa en la libertad, en el respeto y en la justicia, y no en la fuerza”.