Círculo Infantil Roberto García Blanco en Amancio. Foto: Danay Naranjo Viñales

Al triunfar la Revolución, el Primero de Enero de 1959, la educación de los niños era limitada. Por ello, al crearse la Federación de Mujeres Cubanas, el 23 de agosto de 1960, el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz sugirió estudiar los problemas de las féminas que debían trabajar pero no tenían dónde dejar a sus hijos.

Círculo Infantil Roberto García Blanco en Amancio. Foto: Danay Naranjo Viñales

Así, el 10 de abril de 1961, surgen los círculos infantiles, donde los hijos de las madres trabajadoras entre 0 y 6 años de edad, adquieren los elementos básicos para la formación de su personalidad y el desarrollo de habilidades individuales.

Es allí donde aprenden las primeras nociones de Lengua Española, Matemática, Artes, Educación Cívica… donde siembran los valores que formarán parte de su personalidad.

Asimismo hay que reconocer que estos centros favorecen la integración plena de la mujer a la sociedad cubana. Ejemplo de ello es que durante la etapa más difícil que atravesó el país con la Covid-19, no cerraron sus puertas, para facilitar a las madres trabajadoras el cumplimiento sus responsabilidades individuales en las esferas productivas y sociales.

Sin embargo, luego de más de cinco décadas brindándoles seguridad a nuestros pequeños, en el municipio de Amancio persisten inconformidades entre las madres que esperan hace varios años la entrada de su hijo a uno de estos lugares.

Pienso que como parte de la política  que se traza el país para enfrentar el envejecimiento poblacional, donde se incluyen directivas  a favor de la reproducción humana, deberían valorar la posibilidad de incrementar la cantidad de círculos infantiles en las localidades pues, al menos en Amancio, la realidad demuestra que con dos no se resuelve el problema.

Muestra de ello es que en estos momentos un total de 258 madres trabajadoras quedan pendientes en el proceso de otorgamiento.

De igual manera estimo propicio revisar los elementos que se tienen en cuenta para determinar la entrada de los niños a estos centros, que deben ir más allá  de la importancia de la labor que realice la madre solicitante, dentro de la sociedad.

A mi juicio todos los oficios son importantes. Es cierto que unos más que otros, pero al final todos contribuimos en mayor o menor medida al desarrollo del país, ya sea en la producción de alimentos o a través de la prestación de servicios.

La atención a la primera infancia en Cuba es una fortaleza dentro del sistema educacional de la Isla reconocido, incluso, a nivel internacional por sus resultados y garantía del desarrollo humano. De ahí que perfeccionarlo, para mantenerlo como firme conquista de nuestra Revolución, es tarea de todos.