Lazarito, sencillamente especial. Foto: Niria Isabel Cardoso Estrada

Mi barrio tiene gente linda, pero ninguno de ellos como mi vecino Lazarito, el es especial, y no lo digo porque sea síndrome de down, y haya nacido con un cromosoma de más, sino porque es sin dudas una excelente persona.

Nació el 5 de noviembre de 1968 en Las Estancias, pero para nuestra suerte a los pocos años se mudó para mi calle  en El Batey donde aún vive.

Para su madre Ledys Oduardo Portilla, la llegada de Lazarito, lejos de amilanarla y entrar en un período de duelo por tener a un niño diferente a los demás, la hizo crecerse, y enfrascarse en dar a su hijo una educación lo más parecida a lo normal.

Y sin dudas lo logró, Lachi, o el chulo como le dicen quienes le quieren bien, fue a la escuela especial antes radicada en el municipio camagueyano de Martí, y ante el exceptisismo de algunos que veían como una utopía que pudiera arreglárselas solo, su madre confió en él y Lazarito aprendió a ser independiente.

Pero eso no le bastó, y le buscó una novia, porque quería que conociera el amor, en fin que tuviera una vida como todos, y durante un buen tiempo compartió con su pareja la vida sentimental.

Lázaro, aprendió a montar bicicleta, a hacer mandados, a cuidar de la limpieza de la casa, tanto así que las escobas poco duraban en sus manos.

Así transcurría su vida entre el amor de su madre, de Luis su padre, del hermano Yoel, además de los tíos, el resto de la familia y los vecinos. Ledy, hizo de Lázaro un excelente ser humano, un hombre de bien, y donde quiera que esté debe sentirse orgullosa.

Lo enseñó a sentir como suyo el dolor ajeno, y lo digo con propiedad porque si había novedad en la familia de quienes conocía no faltaba la mano en el hombro para dar el pésame y la visita sin falta a la funeraria o al hospital para preocuparse por la salud de los enfermos.

Pero también le enseñó a ser presumido, amante del perfume, a estar bien vestido, pelado y afeitado.

Incluso podía sorprenderte porque conocía muy bien nombres de dirigentes, artistas, deportistas, hasta de alguna situación muy puntual o la noticia de último minuto.

Lazarito, sencillamente especial. Foto: Niria Isabel Cardoso EstradaMuy familiar, enamorado como pocos, disfruta la música, bailar, y darse algún que otro trago, ahora ya no tanto porque la edad y algunas enfermedades asociadas no lo dejan ser el mismo Lazarito activo de años atrás.

Aunque de vez en cuando escucha la música que le gusta y tira algún pasillito desde el portal de la casa. Cuando Ledy murió pensamos que iba a ser el fin, pero no, ella lo había preparado para ese momento, y entonces fue él junto a la tía Magalys, quien cuidó de la casa y hasta de Luis, su papá.

Ahora está bien resguardado en casa no sólo por la Covid, sino porque ya no puede salir sólo como antes y desandar las calles para saludar a los cientos de amigos que tiene.

En la calidez del hogar, cuidan de él su cuñada Celia, Mariela y Mercedes una vecina, quienes están al tanto de todas sus necesidades.

Querido por todos, por su carisma, por sus buenas costumbres, por lo cariñoso que es, Lazarito es sin dudas todo un personaje en mi barrio, alguien muy especial, que llegó a nuestras vidas para tocarnos el alma con su magia, para hacernos entender que no importan las limitaciones que la vida nos pone muchas veces en el camino, sólo hay que imponerse y superarlas.