José Martí Pérez, Apóstol de la independencia de Cuba

Para los cubanos cada enero se convierte en jornada de homenaje a José Martí,  artífice de las guerras que nos condujeron a nuestra total independencia, gran pensador de aquella nueva república que se instauró en Cuba y la que definió “con todos y para el bien de todos”.

Su infancia estuvo marcada por la realidad del momento que le tocó vivir y el sufrimiento de ver su país convertido en una colonia española. Por eso, desde temprana edad se interesó por la política, junto a su gran amigo y profesor Rafael María de Mendive.

Se convirtió en uno de los más influyentes pensadores de la época. Escritor, filósofo, periodista, considerado el gran poeta de su tiempo, que le permitió hacer política desde su prosa, vislumbrando en sus obras lo necesario que resultaba la unidad latinoamericana.

Para todas las generaciones de cubanos es un deber ineludible estudiar al Apóstol, conocer detalles de su vida, obra y pensamiento, para ponerlos en práctica siempre por el bien común.

No importa cuántos quieran empañar y confundir sus ideas o pensamientos.

Aquí estamos los verdaderos cubanos para mantener intachable su imagen de revolucionario y progresista.

Por eso este 28 de enero, cuando conmemoramos el aniversario 168 del natalicio del Héroe Nacional de Cuba, a quienes amamos la paz y la libertad, nos corresponde homenajearlo con la intensidad que merece. Por lo que representa, por su legado imperecedero.

Y es que la figura de José Julián Martí Pérez, aquel niño que nació en La Habana, en 1853, se enaltece con el paso de los años. Para el pueblo cubano es y será el Maestro de todos los tiempos, el más universal de los hombres, para  quien siempre cultivaremos una Rosa Blanca.