En un intrincado paraje campestre, distante a unos 12 kilómetros del principal polo urbano del municipio de Amancio, se levanta un emporio de esfuerzos, sabiduría campesina y resultados productivos.  Omelio Castellanos Carmona, un joven de 33 años de edad, es el “culpable” de tantas bonanzas y ejemplares acciones.

Un agreste territorio de 40, 6 hectáreas, de ellas 3 dedicadas a pastos y forrajes, es el escenario de la finca Bazán, donde este campesino, por varios años Vanguardia Nacional, acreedor de múltiples medallas y distinciones, entre ellas la Antero Regalado, consagra sus esfuerzos para garantizar, trimestralmente media tonelada de carne de ovinos caprinos para el Programa de Prevención de la Anemia.

“Realmente es un honor estar entre los cuatro campesinos seleccionados en nuestro municipio para esta noble causa. Me alegra que el desvelo y los sacrificios diarios, contribuyan a mejorar la calidad de vida de embrazadas (180) y en especial de los niños (2732) de entre cero y cinco años”, cuenta este hombre de fácil conversación.

“Recientemente, en República Dominicana, participé en un intercambio sobre cooperativismo, donde, entre otros temas, conocimos la experiencia de los dominicanos en la inseminación artificial, el ordenamiento de las fincas y en el aporte de carnes rojas al Programa de Prevención de la Anemia”, agrega Omelio.

El fuerte de la finca es la crianza de ganado mayor y menor. “Entrego cada año unos 25 toros del programa de ceba con un peso promedio de más de 400 kilogramos, además pastoreamos algo más de un centenar de ovejos y chivos. Aquí erradicamos el hurto y sacrificio ilegal”

A esos resultados hay que agregar  los 9 mil litros de leche entregados hasta la fecha  y  ser  heredero de una tradición de destacados ganaderos, por ejemplo, su padre Carlos es uno de los de mayores aportadores  de carne de toros en Las Tunas.

Desde luego que no es fácil simultanear el trabajo en la finca con la presidencia de la cooperativa de créditos y  servicios Sabino Pupo, integrada por 70 socios y dedicados fundamentalmente a la ganadería. Todo se sobrelleva con el incuestionable apoyo de mi esposa Misleidis Crespo Pérez y mis hijos Omelito y  Guillermito”.

En medio del ajetreo característico de un hombre de campo, Omelio Castellanos Carmona, se descuelga de la montura del caballo, se quita el inseparable sombrero, fija la vista en los pastizales  y  sentencia con  firmeza: “la tierra es sabia; compensa a quien la atiende y cuida”, confirmando la predicción martiana  de que: “si el hombre sirve, la tierra sirve”