Los ojos de Abel guiaron sus pasos, las ideas de Fidel le indicaron el camino a este joven hecho de la madera de los héroes que desafió y  enfrentó la muerte.

Hijo de las doctrinas martianas encarnó lo más puro de los ideales independentistas de una generación que se resistió a vivir en cadenas y murió por su Patria.

Escuchó el clarín libertario y espoleó en el un manantial de pasión por su amada Cuba por eso se entregó a la clandestinidad, apoyo la guerrilla de la Sierra Maestra y la insurrección en la Isla.

Quisieron los esbirros de la tiranía callar su voz, mutilar su espíritu, deshacer su imagen, pero solo consiguieron elevarlo a la grandeza de la inmortalidad de los héroes que no mueren porque viven y se multiplican.

Símbolo de la generación que defendió lo más autóctono del pensamiento y la acción revolucionaria.

A Frank a todos los que murieron por la patria que los contempla orgullosa a sus mártires, es este sencillo homenaje para como dijo Fidel…” nunca se apague la llama de las virtudes morales de nuestro pueblo, para que nadie pueda decir el día de mañana que nuestro pueblo se ha olvidado de sus muertos…”.

Por eso cada 30 de julio Cuba recuerda a esos que miraron el lado del deber y subieron la empinada cuesta del sacrificio.