A partir de los años 20 de la pasada centuria, la clase obrera en el central “Francisco”, -antigua provincia de Camagüey-, buscó formas de organizarse en sindicatos; sin embargo, los primeros intentos no fructificaron.

En la década de 1930 y  con Arsenio Yero Ortiz al frente, comienzan a organizarse las primeras agrupaciones sindicales, siendo este hombre sencillo y humilde el primer representante del sector azucarero y agrícola en la localidad.

Según el historiador  Alfonso Aleaga Sanabria, es en 1940 cuando Amancio Rodríguez Herrero, asume la secretaría general del Sindicato Azucarero, y a partir de ahí comienza a gestarse la idea de construir  un local para los obreros de la primera industria.

Las obras de construcción comenzaron a ejecutarse en un terreno donado por la compañía azucarera Francisco Sugar Company, en la Avenida Aurora.

Sus paredes amplias de mampostería, techo de tejas francesas y piso de cemento, se convirtieron en el refugio ideal para los trabajadores en aquel entonces.

Con intensas jornadas de trabajo voluntario y la contribución económica de los obreros, fundamentalmente de los que pertenecían a la Francisco  Sugar Company, la agricultura y el puerto de Guayabal, comenzó a edificarse la sede del Sindicato Azucarero.

Finalmente en el año 1943 quedó oficialmente inaugurado este recinto que respondía a los intereses de la clase obrera, bajo la dirección del líder Amancio Rodríguez Herrero.

Testigo de las asambleas sindicales y de los principales problemas que afectaban a la clase proletaria, poco a poco el Sindicato fue adquiriendo un notable reconocimiento, aunque para  las compañías  y colonos que operaban en esta zona no resultaba de mucho agrado.

El Sindicato, con toda su historia a cuestas, se convirtió en el centro de oposición a las barbaridades cometidas contra los humildes y desposeídos.

Pero quiso el destino que el 18 de septiembre de 1949 este paradigmático inmueble pasara a la inmortalidad con el asesinato en ese lugar de Amancio Rodríguez Herrero y José Oviedo Chacón, por testaferros al servicio del imperialismo norteamericano.

Al triunfar la Revolución cubana, el Sindicato Azucarero continuó, -y continúa hoy-, siendo centro de reuniones y grandes actividades económicas, políticas y sociales.

Su existencia está indisolublemente ligada al devenir histórico y socioeconómico del actual municipio de Amancio, y por ende es símbolo y orgullo para quienes en esta porción del suroccidente de la provincia de Las Tunas, se afanan  en levantar un monumento al esfuerzo común para construir una sociedad más justa y humana.