Nacida el 13 de agosto de 2004, la Feria Comercial Agropecuaria, que todos los sábados se inserta en el corazón urbano del municipio de Amancio, demuestra con creces cuánto de positivo y fecundo tienen iniciativas como esta.

Exposiciones de artes plásticas, descargas musicales, pinceladas literarias, manifestaciones deportivas, partidas de dominó o dama; venta de fiambres y productos industriales, se unen a una variada muestra de platos de la cocina criolla y tradicional, los cuales se pueden degustar en el espacioso y acogedor Caney edificado en esos predios y que da un toque de particular cubanía a la ocasión.

En el colimador de los organizadores de la Feria, permanece como asignatura de obligatorio examen la concurrencia de entidades estatales y productores particulares con amplios surtidos de viandas, granos, carnes, vegetales, frutas, flores, carbón y hasta, en ocasiones, aparece un osado vendiendo Ranas Toro, quien además de despertar la curiosidad de los presentes, incrementa el diapasón alimenticio de sus congéneres.

Según Oney Castillo García, administrador del Mercado Agropecuario, solo en el mes de enero, se vendieron 1795 quintales de diferentes productos, lo cual posibilitó un ingreso superior a los 140 mil 900 pesos. Ello se debió a la amplia variedad de las ofertas y a la asistencia de un promedio de 30 vendedores cada sábado.

Al decir de muchos lugareños, el tradicional convite, que se realiza en una porción de la Calle “A” escoltado por la sombra de frondosos y añejos Laureles y Robles Americanos, significa un complemento de la canasta básica y contribuye al esparcimiento de quienes visitan el concurrido sitio.

Carmen White, jubilada de la industria azucarera, considera que la Feria “es un salve para la cocina, pues cada sábado se compran los productos de la semana y una se distrae conversando con personas conocidas”. Por su parte Catalina Guerra, disfruta de las actividades culturales y “escapa”, de esta forma, de las tensiones del trabajo diario y las obligaciones hogareñas. Otros amancieros reclaman baños públicos o mejor ubicación de los termos para el expendio de cervezas, mientras algunos inconformes no las tienen todas con los precios y el excesivo tránsito de bicicletas en las áreas de venta.

Lo cierto es que después de un año y siete meses de vida, la Feria sabatina del municipio de Amancio, se entroniza en la cotidianidad citadina como esas acciones imprescindibles para el ser humano y, más allá de lo puramente comercial, se desdobla como opción para el enriquecimiento espiritual y la fraternidad, alcanzando ribetes de tradición y punto de partida para empeños mayores.