Florencia MartínezCuanta ternura se encierra en Florencia Martínez y Reina del Valle, dos mujeres a las que la vida les dio el don de hacer el bien y de repartir amor a manos llenas.

Para ellas no hay horas, ni días no importa lo abrupto del camino, si hay sol o lluvia, calor o frío,  solo las mueve el deseo de llegar a su destino donde las esperan ansiosos sus alumnos para compartir juntos un rato de alegría.

Son maestras ambulatorias de la escuela especial “Darío Guevara Cabrera” de este municipio de Amancio, donde propician a sus discípulos una existencia feliz preparándolos para su vida adulta e independiente, pues padecen limitaciones físicas, motoras e intelectuales severas.

Que voluntad sin limites, usted las puede ver llegando a los lugares más recónditos como lazarillos guiándolos para que conozcan su historia, del lugar donde viven, sus héroes y mártires.

Ellas forman parte del mundo de estos niños, adolescentes y jóvenes y ya forman parte de sus vidas y los ayudan a realizar actividades tan sencillas y cotidianas como acordonarse los zapatos, utilizar los cubiertos en la mesa, preparar un jugo y cuando logran realizarlas la alegría es infinita pues han escalado un nuevo peldaño hacia la cima de la montaña.

Las limitaciones físicas de los estudiantes de Florencia y Reina no les permiten asistir a la escuela, por eso antes que el sol despunte en el horizonte ya están de pie y con el primer sorbo de café emprenden el camino que es largo y difícil pero que es recompensado con una sonrisa agradecida o un beso cariñoso.

Que nobleza, que corazón tan grande late en el pecho de estas dos mujeres, que se vuelven inmensas en su estatura para formar parte de ese ejército lleno de luz que convierte el milegro en barro y que hace ya casi medio siglo escriben hermosas páginas de amor en la enseñanza especial.