Familia Piloto. Foto: Niria Isabel Cardoso Estrada

"La educación es como un árbol: se siembra una semilla y se abre en muchas ramas. Sea la gratitud del pueblo que se educa árbol protector, en las tempestades y las lluvias, de los hombres que hoy le hacen tanto bien. Hombre recogerá quien siembre escuelas"

Esa semilla fuerte y robusta fue plantada por la familia Piloto, familia de educadores, para quienes constituye un orgullo haber sido parte activa en la formación de varias generaciones de amancieros.

No ha existido momento del que no hayan formado parte, desde la campaña de alfabetización, hasta el perfeccionamiento que vive hoy el sector educacional han sido participe estas mujeres que nacieron con el don de enseñar.

No se conformaron y han legado la tradición a los hijos y nietos, y aunque muchos no son maestros de formación, si desde sus profesiones se encargan de enseñar y ayudar a otros a crecer en la vida.

Para ellas no hay mayor orgullo que ver a sus alumnos convertidos en personas de bien que aportan, oírles decir esa fue mi maestra, y que las recuerden y les agradezcan por la paciencia, el regaño o por el elogio necesario.

Para Las Piloto, no hay gozo mayor que haber consagrado sus vidas al difícil arte de educar, de moldear la piedra y sacar de lo más profundo lo mejor del ser humano.

Porque para Amelia, Dolores, Regina, Marielena,  tantas otras de la familia Piloto como también dijo Martí  "Al venir a la tierra, todo hombre tiene derecho a que se le eduque, y después en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás".