Ell ímpetu de la juventud, la utilidad de la virtud  y la convicción martiana de que Patria es Humanidad, hizo que Manuel  Carbonell Vargas, no dudara un momento y marchara a otras  tierras.

Llegó a Sumbe, provincia de Kwanza Sur, de la República Popular de Angola,  en el año 1982 y allí estuvo hasta 1984, durante dos cursos escolares junto al resto de sus compañeros del contingente de maestros se encargó de la educación de los lugareños, sobre todo los niños de la enseñanza secundaria.

De esa época recuerda con cariño los juegos de dominó, voleibol, las actividades culturales y los planes de la calle con los más pequeños.

Pero no sabía este amanciero lo que le deparaba el destino que de maestro se convertiría en soldado, cambiando el lápiz y el pizarrón por un arma para combatir.

El 25 de marzo de 1984  junto al resto de los cubanos en Sumbe, se disponía a iniciar una nueva jornada cuando les sorprendió el ataque de las fuerzas de la UNITA que pretendían tomar la ciudad y hacer prisioneros a todos los colaboradores que allí se encontraban.

Fueron momentos de mucha tensión pero el arrojo y las  convicciones internacionalistas  hicieron que no cedieran un momento para defender como suya la tierra angolana.

Manuel hoy da gracias por permitírsele el milagro de poder contar la historia de Sumbe, a su decir un momento trascendental que cambio de forma radical su vida.
Cuando han pasado 27 años de aquella gesta heroica que escribieron los cubanos, este hombre ya mucho más maduro personal y profesionalmente, acuna en su memoria los recuerdos y guarda con celo la carta enviada por Fidel donde expresa: “La patria se siente orgullosa de ustedes e inclina sus banderas ante los siete héroes caídos “.

Quisiera volver a tener el honor de esta nuevamente allí hoy que poseo mayor madurez intelectual como profesor y si en aquel momento tenia el sentimiento de ayudar, hoy no solo es un sentimiento es una convicción, porque todos somos iguales y debemos luchar porque disfrutemos de libertad, dignidad y decoro.