En pleno surgidero Guayabal, aparece el poblado del mismo nombre, cuya historia fundacional se remonta a las postrimerías del siglo XIX. Por su posición geográfica, en la misma entrada al Golfo de Guacanayabo, la avariciosa Corona española aprovechó las bondades de la comarca para cobrar impuestos y como punto de intercambio comercial, muy incipiente e inestable.

Según cita Don Jacobo de la Pezuela en el Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba, el 9 de marzo de 1826 arribaron a este lugar los coroneles del ejército de Colombia Alonso y Fernando Betancourt, acompañados de José Salas, natural de Camaguey, y un capitán inglés de apellido Dolphy, a bordo del balandro Margaret.

De esto se infiere, que para la primera mitad del siglo XIX, las costas que bordean el hoy municipio de Amancio, no sólo servían para la pesca, sino que facilitaban la navegación y el intercambio con regiones cercanas como Manzanillo y la cabecera municipal, Santa Cruz del Sur.

En la etapa del dominio yanqui, se aprecia un desarrollo notable de la zona. Los sitios llamados Hato Viejo, y que componían a Guayabal, pertenecían a Salvador Cisneros Betancourt, y luego fueron adquiridos por los Rionda, una poderosa familia que controlaba la producción azucarera.

Al triunfar la Revolución, algunos de los proyectos previstos por los Rionda para su expansión, no fueron concluidos en su totalidad. Se pone a fin a más de cien años de cruel explotación, para dar paso a un nuevo proceso, que dignificó a pescadores y portuarios.

No es hasta el año 1961, en que el Comandante Ernesto Che Guevara, siendo Ministro de Industrias, visita la instalación portuaria. Comienza así un nuevo período, donde se construyen nuevas obras y el espigón guayabalero adopta el nombre de Terminal Marítima Exportadora de Azúcar a Granel “Granma”.