Fidel en la Plaza de la Revolución 

Les aseguro que no podría, después de dos décadas transcurridas, precisar detalles, nombres e incluso horas, minutos o segundos. Sí recuerdo que el grupo de periodistas de todo el país que hacíamos nuestros pininos para adiestrarnos en los senderos de las nuevas tecnologías, tuvimos un amanecer diferente.

Me parece que fue alrededor de las dos de la madrugada aquel de píe, que más que una diana parecía el aviso o la alarma por un presunto incendio. Los ómnibus listos ¿Destino? Un lugar que ahora no recuerdo, sólo que era cerca de la plaza, sitio al que arribamos caminando y contagiados por las expectativas del momento, aunque muy lejos de imaginar que seríamos testigos de un histórico momento, no sólo para el pueblo cubano, sino para el movimiento progresista mundial.

El colorido, los himnos y cánticos en voces amigas venidas de diferentes latitudes, reunidos bajo un amanecer distinto y prometedor,  la radiante mirada del más universal de todos los cubanos; la policromía de las ondeantes banderas, afiches, cuadros, pancartas y telas,  otorgaron a la gran explanada un toque idílico y único.

La exaltación y el entusiasmo cobraron particular matiz con la aparición de una legendaria y esperada figura humana vestida del impecable verde olivo rebelde, acompañada de las principales autoridades políticas, gubernamentales, militares y sociales del país. Un gigantesco coro, improvisaron las miles de voces allí presentes, entonando  melodiosamente, un nombre, que de solo pronunciarse, signaba la presencia del líder indiscutible de la Revolución Cubana.

A partir de ese momento muchos fueron los instantes cargados de emotividad. La cúspide de aquella histórica jornada vino con las palabras de Fidel, quien como siempre, situó cada frase, cada intención y cada giro gramatical, en el exacto lugar que correspondía.

Fidel Castro - Concepto de Revolución

De esa manera Fidel enunciaba el concepto de Revolución, no de aquella que bajo su liderazgo, trajo libertad y empoderó al pueblo cubano. Su definición desbordaba las fronteras nacionales y el momento de hacerla pública, para convertirse en guía y método de quienes aspiran y confían en que un mundo mejor y la conquista de la dignidad humana, son metas logrables y posibles.
Confieso que en ese instante no interioricé el contenido y la proyección universal de las ideas enunciadas por el Comandante en Jefe.

Al final de la concentración vino la marcha frente a la Oficina de Intereses que acoge la representación norteamericana en nuestro país. El cansancio de aquella larga y extenuante jornada se extendió a la noche.

Al otro día los despachos de la prensa nacional me indujeron al análisis y a la reflexión. Fui, sin saberlo, testigo de un suceso universal y único. Había recibido de primera mano una magistral clase de un maestro, que no ganó el título en universidades y foros académico, que fue la propia vida y sus luchas revolucionarias las que lo dotaron de las herramientas necesarias para tallar su estatura de líder y conductor.

Al cabo de 20 años, no pretendo teorizar y mucho menos hacer un análisis pormenorizado del concepto de marras, por el contrario, en mi modesta consideración estimo que esos enunciados no pueden ser letra muerta, son, sin dudas, guía para la acción consciente, creativa e internacional de las presentes y futuras generaciones de revolucionarios, sobre todo en el momento en que libramos un combate por la vida contra la Covid19.