Mariposa de humano vuelo. Foto: Tomada de Internet
Mariposa de humano vuelo. Foto: Tomada de Internet

Cuentan que  por las serranías una mariposa de humano vuelo, con flores al ristre y un humeante cigarro en la diestra, empinaba su eterna presencia en lomas preñadas de helechos y cristalinas corrientes de agua fresca y pura.

Refieren que en las oscuras noches, cuando la luna duerme, la policromía de sus alas, ilumina con rayos de esperanzas y dignidad, inhóspitos senderos, mientras se refleja en riachuelos y despeñaderos.

Se conoce que el 9 de mayo de 1920 vino al mundo, que cual visionaria premonición fue inscripta como Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley. Sin supersticiones,  banales creencias o predicciones de algún oráculo, su destino   siempre estuvo orlado por la justicia, la modestia y el desinterés.

Muchos recuerdan su escalada, junto al querido padre, hasta la cima del más alto pico para, allí junto a las nubes, en el alba y los crepúsculos, eternizar el busto del bien llamado "más universal de todos los cubanos".

Difícil olvidar la niñez de inquietudes y aprendizajes. La adolescencia fértil y nutricia, donde la savia familiar fue el señuelo para delinear una personalidad ungida de atributos como la honestidad, la dignidad y la entrega sin límites a las justas y populares causas.

Hay historias escritas en las calles de tu natal Media Luna, Campechuela, Las Coloradas y los marabuzales de Manzanillo. Muchos son los que recuerdan sus pininos conspirativos, esos que le llevaron a convertirse en la fiel colaboradora y,  más tarde, en guía de cuanto joven pusiera rumbo hacia el lomerío donde se fraguaba la ansiada libertad nacional.

Ante el peligro que acechaba cada uno de sus pasos, no hubo otra alternativa que emprender el camino a las montañas para vestirse del verde olivo rebelde. Fue artífice y protagonista del pelotón femenino, confesora, consejera y albacea de cuanta idea, proyecto o acción naciera del prolifero pensamiento del gran líder, conductor y maestro.

Las luces del triunfo la sorprendieron en las serranías orientales. Arduo su desempeño haciendo honores a su nombre de pila. Forjó una conciencia para atender a desvalidos, que nadie quedara desamparado, incluido los hijos y viudas de aquellos que estuvieron en trincheras opuestas al anhelo popular.

Gracias a su meticulosidad al conservar el más mínimo escrito, orden militar o documento, las presentes y futuras generaciones pueden  estudiar en archivos y museos, importantes pasajes de nuestra última gesta independentista.

Muchas  muchachas serranas, que del rudo manejo de los aperos agrícolas, acariciaron por vez primera máquinas de coser, útiles para bordar y otros laboreos domésticos. Muchas las familias que hoy le agradecen infinitamente sus desvelos, preocupaciones y  las carreras universitarias y profesiones de sus retoños.

Su alta investidura, responsabilidades partidistas y gubernamentales, su posición de vanguardia al lado de Fidel o en el Parlamento, no menguaron en lo más mínimo, su sencillez, modestia y vocación humanista. A un siglo del alumbramiento, cual profecía, su humano vuelo, con flores al ristre y un humeante cigarro en la diestra,   emprende el mismo rumbo para acompañar con su ejemplo a ese pueblo que enfrenta renovadas batallas, convencido de la victoria.