NilaConvencido estoy que la amanciera Petronila Zamora Núñez, nunca supo que el actor y cómico norteamericano George Burns, expresó proféticamente: “si quieres cumplir cien años o más, no puedes quedarte sentado esperando que ocurra. Necesitas levantarte cada mañana dispuesto a ir en busca de la vitalidad”, pero si aseguro que al igual que el artista de marras, se aferró a la vida y hoy exhibe un envidiable récord: ¡110 años! de existencia.

Nila, como la conocen desde hace más de 40 mil 177 días, aferró su anatomía al trabajo como evidencia tangible del vigor que genera la actividad física. Así desafió frías madrugadas y se largó con el morral lleno de esperanzas y necesidades, lo mismo a un cañaveral que a plantaciones de cultivos varios, con el afán de sostener y alimentar los DIEZ muchachos engendrados y paridos, más SIETE hijastros.

Esta mujer tenaz y emprendedora, que hizo del trabajo un arte, aprendió el oficio de recogedora, convirtiéndose en una de las comadronas más solicitadas de toda la comarca. Dicen que por sus manos pasaron tantos muchachos, en aquel irreversible pasado, como granos de maíz tiene una mazorca. Agustina, una de las hijas de Nila y actualmente responsabilizada con su custodia, con cierta humildad y rasgos de un sano orgullo dice: “la vieja siempre fue una persona fuerte, se alimentó muy bien, le gusta el tabaco y se pone irresistible cuando no toma café. Hasta no hace mucho lavaba y planchaba por encargo”, agrega.

Nila, afincada al costillar de la vida, quedó privada de la visión y su movilidad es muy reducida, aunque según Agustina “los médicos dicen que tiene una salud de hierro y el corazón sanito, sanito”. Nila nunca perdió la esperanza y cuando se encabrita suele encomendar las soluciones y pedidos más exigentes a “Papá Fidel”, como nombra al máximo líder de nuestra Revolución.

Petronila Zamora Núñez, reside en la calle Bella Aurora, en el amanciero reparto de Las Estancias, y en su carné de identidad reza como fecha de nacimiento el 2 de enero de 1898, o sea que esta mortal, nacida en el vecino municipio de Guáimaro, ha vivido más de 964 mil 260 horas, y se enrumba por el camino de legitimar la aspiración de algunos, y suya propia, de sobrepasar los 120 años. Y para demostrar la certeza de la afirmación de Burns, no se quedó sentada esperando y aunque no se levanta, cada mañana sigue dispuesta para a ir en busca de la vitalidad.