La Guerra de los 10 años tiene el gran mérito de ser, para nuestras batallas presentes y futuras, un referente imprescindible. Foto: Tomada de Internet
La Guerra de los 10 años tiene el gran mérito de ser, para nuestras batallas presentes y futuras, un referente imprescindible. Foto: Tomada de Internet

Según narran historiadores y especialistas del tema en la segunda mitad de octubre del año 1868 devino en climax de la situación político y social de una Cuba, donde el colonialismo ibérico arreció sus herramientas de dominación, al punto de provocar el estallido considerado el inicio del proceso revolucionario cubano.

Explican los académicos que en esa época se agudizan las contradicciones entre la colonia y la metrópoli. Los cubanos llegaron a la conclusión de que España no daría beneficio alguno a los nativo del archipiélago, de ahí que los representantes más preclaro  de los terratenientes criollos, encontraron en la conspiración y la beligerancia la única manera de alcanzar la sagrada libertad y la posibilidad de crecer como nación independiente.

Es, precisamente, en ese contexto que el fortalecimiento de los sentimientos patrióticos e independentistas, inducen a las primeras manifestaciones de un pensar como cubano, cimentando los senderos de un pensamiento unitario que fragua el concepto de nación.

Nadie puede negar que en la llamada Guerra de los 10 años, aquella nacida del gesto primogenio de Carlos Manuel De Céspedes en su ingenio La Demajagua, se robusteció el sentimiento nacionalista, a pesar de otras corrientes ideológicas que no tenían la independencia total entre sus objetivos.

En esa contienda nuestros precursores intentan establecer lazos solidarios y de amistad con algunas naciones de América con el objetivo de encontrar apoyo para su causa y viabilizar el reconocimiento internacional de aquella lucha.

Entendidos en ese pasaje de nuestra Historia Patria aseguran que independientemente de dar inicio a nuestro proceso revolucionario, consolidó el proceso de formación de la nacionalidad y nación, además de forjar un conjunto de valores, tradiciones patrióticas y combativas que enriquecieron contiendas futuras.

La Guerra de los 10 años tiene el gran mérito de ser, para nuestras batallas presentes y futuras, un referente imprescindible, o sea, ese reservorio de principios donde encontrar el combustible necesario para continuar resistiendo y venciendo cuanto obstáculo se interponga a nuestra vocación unitaria, soberana e  independiente.