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Cada cubano se convierte, por obra y gracia de nuestra democracia participativa, en un constituyentista. Foto: Rafael Aparicio Coello
Cada cubano se convierte, por obra y gracia de nuestra democracia participativa, en un constituyentista. Foto: Rafael Aparicio Coello

La convocatoria a consulta popular de una nueva Carta Magna para la República de Cuba, se enseñorea por estos días en la geografía de este archipiélago, incluso, se va más allá de nuestras fronteras,  ocupando espacio  en colaboradores nacionales en otras geografías y cubanos residentes en el exterior.

 

Y es que la Constitución que se propone se atempera a los nuevos tiempo y con un sólido cimiento nacido del ideario de nuestro José Martí y su más fiel discípulo, Fidel Castro, pertrecha a cada uno de nosotros de la hondura necesaria para navegar en un país que se transforma e introduce cambios para todos sus habitantes.

En esta localidad tunera se programaron 567 de esos democráticos encuentros que reunirán a trabajadores, campesinos, estudiantes, cederistas, federadas y a todos los que apuestan por un futuro seguro.

Por lo visto en las consultas presenciadas hasta el momento, los argumentos esgrimidos nacen de la legitimidad y el deseo de construir, entre todos, una Cuba mejor y mucho más digna.

Unos exponen argumentos animados en la voluntad transformadora de realidades tan sensibles como el salario, la obligatoriedad del trabajo y su aportación de riquezas;  el matrimonio entre dos personas, la sostenibilidad del carácter socialista de nuestro proyecto social o los plazos y edad para ocupar la presidencia de la nación u otros cargos.

Los cierto es que cada uno de nosotros se convierte, por obra y gracia de nuestra democracia participativa, en un constituyentista soberano con todos los derechos y deberes para opinar e incidir en el futuro de la ley de leyes.

Asuntos tan vitales como la educación y la salud, conquistas que requieren ser protegidas por todos, ocupan sitio en el candelero de los análisis. No son pocos los que consideran que cada uno de los cubanos debe asumir los recursos puestos a nuestra disposición como propios, de ahí la necesidad de cuidarlos y optimizar su uso.

La diversidad de opiniones, todos tenidas en cuenta, sostienen este ejercicio que se fundamenta en la máxima martiana de que: "Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre"

Y tiene uno de sus medidores esta afirmación de Fidel: ”Por eso es nuestro propósito una vez que se haya aprobado esta Constitución, luchar consecuente y tenazmente, para que cada uno de los preceptos de esa Constitución se cumplan; que nadie le pueda imputar a la Revolución jamás, de que acordó leyes y principios que después no se cumplieron”.