Doctora tunera Oneida Toirac, cooperante en Ecuador.     Foto Reynaldo López PeñaEl sábado 16 de abril, el día del terremoto de 7,8 grados que cambió la geografía y el espíritu de Ecuador, la doctora tunera Oneida Toirac Legrá escribió un mensaje a su hijo diciéndole que ella estaba bien, aunque no tenía la completa seguridad de aquellas palabras.

Abriéndose paso por una carretera endemoniada, desde la que veía al mar retirándose anunciando el peligro de tsunami, la especialista en Medicina Familiar y Ecografista tecleó aquellas frases aferrándose a la esperanza. A esas alturas ya había llamado a varios de sus colegas y amigos, tres de ellos no le respondieron.

Oneida llevaba un año y medio trabajando en Pedernales, en la provincia costera de Manabí, epicentro del terremoto, y se desempeñaba como coordinadora de la brigada en la región. En cuanto sintió la fuerza del sismo aplicó el plan de aviso diseñado para casos de desastres, aunque esperaban ponerlo en práctica como consecuencia de las lluvias provocadas por El Niño o una erupción del volcán Cotopaxi... el terremoto los sorprendió.

Cuando llegó al sitio en el que se hospedaba junto a sus compañeros no encontró el edificio. El 99 por ciento de Pedernales colapsó, prácticamente la ciudad desapareció. Lo que vino después fueron cinco días interminables de búsqueda entre los escombros, en los que apenas durmió y se alimentó a base de líquidos. Finalmente encontró los cadáveres de los doctores Bárbara Caridad Cruz, Leonardo Ortiz, y Éric Omar Pérez, todos especialistas en Medicina General Integral, a quienes acompañó hasta Cuba. "Lo más difícil ha sido enfrentarme a sus familiares", dice.

Según pudo conocer luego, sus colegas se encontraban en el edificio en el momento de los temblores y uno de sus vecinos, un adolescente de 13 años les avisó que salieran y buscaran un lugar abierto, pero cuando el joven llegó a la calle y miró hacia atrás, ya el inmueble se había derrumbado.

Al partir para Cuba ya el contingente Henry Reeve y grupos especializados de rescate habían entrado en la zona de desastre, mientras que muchos de sus colegas, que son más de 800, eran reubicados y se incorporaban a hospitales de campaña.

Oneida nos cuenta su experiencia en la sala de su hogar, a la vez se prepara para el regreso a la patria de Eloy Alfaro. ¿De dónde saca el valor para regresar?, le preguntamos.

"Es que ahora es cuando más nos necesitan".

"LOGRAMOS SALIR DE LOS ESCOMBROS. ESTAMOS VIVOS"

Allá la espera su colega Elizabeth Ávila Guerrero, con quien coincidió acá en Las Tunas en el policlínico Gustavo Aldereguía, del reparto Buena Vista. Este Semanario logró comunicarse vía Facebook con la especialista, que labora como asesora médica del Gobierno ecuatoriano en la ciudad de Portoviejo, provincia de Manabí.

Su mensaje, aunque escueto por los problemas para conectarse y la falta de tiempo, nos habla de los 50 segundos más largos de su vida. El terremoto la sorprendió a ella y sus colegas de la brigada en el cuarto piso de un edificio. Cuando se precipitaron hacia las escaleras para escapar, descubrieron con horror que estas habían colapsado y las paredes se movían como hojas de papel. El segundo nivel del edificio cayó casi por completo, pero Elizabeth y sus acompañantes lograron salir de entre los escombros de la escalera a la calle.

Después contaría a su madre, Waldina Guerrero, que en el momento más crítico se abrazó a una de las doctoras que estaba a su lado y comenzaron a rezar juntas. Ahora la situación es muy difícil. Están viviendo en facilidades temporales y trabajan mucho en el hospital atendiendo a los afectados.

Con un poco de angustia, pero con mucho orgullo Waldina nos ayuda a terminar de conocer la historia de su hija Elizabeth. La comunicación es escasa e insuficiente para calmar la preocupación de todos en el hogar, pero saben que está bien y que su experiencia en misiones anteriores en Nicaragua y Guatemala, le servirán para enfrentar los días venideros.

Más de 800 profesionales de la salud cumplen misión internacionalista en Ecuador. Ellos también fueron víctimas del terremoto que asoló al país y que ha tenido más de 400 réplicas en estas 12 jornadas posteriores. Sus historias tienen una profunda carga de angustia y dolor, pero evidencian la naturaleza del ser humano, que es capaz de sobreponerse a las consecuencias de la fuerza de la naturaleza y levantarse.

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