José Martí, apóstol de la independencia cubanaOcurre como en las profecías. Ahora que nuestro país calcula el impacto de cada paso y maneja como con guantes de seda las riendas de lo cotidiano, resulta que ya tú habías alertado: «Un error en Cuba es un error en América y en la humanidad moderna».

Y cuando insistimos en los más importantes foros que el carácter de nuestras proyecciones tiene medular sustento en el respeto a la soberanía, resulta que ya tú habías expresado: «Nada piden los cubanos al mundo sino el conocimiento de sus sacrificios».

Y ahora que la Patria es un valladar de granito y acero en la defensa a ultranza de sus hijos, erguida ante el enemigo poderoso, resulta que ya tú habías advertido: «No se debe poner mano ligera en las cosas en que va envuelta la vida de los hombres».

Y cuando nos llamamos a filas para repeler cualquier intentona enemiga de regresarnos sutilmente al pasado, resulta que ya tú habías avisado: «La libertad cuesta cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio».

Y ahora que instamos a redimir valores perdidos, resulta que ya tú habías asegurado: «El deber del hombre virtuoso no está solo en el egoísmo de cultivar la virtud, sino que falta a su deber el que descansa mientras la virtud no haya triunfado entre los hombres».

Y cuando proyectamos derroteros para ser más eficientes en lo que nos atañe, resulta que ya tú habías adelantado: «El que llevó las estrellas en la guerra no es general de verdad hasta que con sus propias manos no se ponga en el hombro las estrellas del trabajo».

Y ahora que la incorporación del hombre al surco y el desarrollo agrícola sostenido devienen prioridades en nuestras expectativas económicas inmediatas, resulta que ya tú habías afirmado: «El mejor ciudadano es el que cultiva una extensión mayor de tierra».

Y cuando la solidaridad levita aún como ícono político, resulta que ya tú habías precisado: «No desearlo todo para sí; quitarse algo de sí para que toquen a igual parte todos, es valor que parece heroico, a juzgar por el escaso número de los que dan prueba de él».

Y cuando la conquista de toda la justicia es un argumento para la continuidad de nuestras esperanzas, resulta que ya tú habías profetizado: «La justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del derecho: eso es la revolución».

Y ahora que nos proponemos itinerarios, organizamos estructuras y asumimos compromisos para actualizar nuestro proyecto social, resulta que ya tú habías expuesto: «Debe hacerse en cada momento, lo que en cada momento es necesario».

Y cuando hacemos cosas grandes para que se conozcan nuestras proezas, resulta que ya tú habías dicho: «El primer deber de un hombre de estos días, es ser un hombre de su tiempo». Y también: «Es necesario elevarse como los montes para ser vistos de lejos».

En este 19 de mayo, José Martí, consecuentes con tu idea de que «cuando un pueblo se divide, se mata», nos encuentras convertidos en puño, y con razones para llamarte profeta.

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