Esta obligada alternativa está rozando los niveles del año 2005 en Manatí. Foto: POastor Batista ValdésMANATÍ, Las Tunas.—A secas están re­tornando a este lugar, otra vez, los recuerdos del 2005. En aquel momento, de cada 100 habitantes 60 no tuvieron más “remedio” que recibir el agua en pipa. Hoy la sequía roza proporciones similares. El 58,6 % de la población vuelve a depender de esa obligada alternativa.

La situación no es ficticia o imaginaria. Quince de las 17 fuentes de abasto están muy deprimidas y dos totalmente secas. Los em­balses solo retienen el 15 % de su capacidad y, en lo que va de año, las precipitaciones no llegan a la tercera parte del registro histórico.

Ello explica que al depósito madre de la localidad le esté llegando, a duras penas, un tercio del agua que debiera recibir.

Según información ofrecida por Yolexi Pa­vón Vázquez, vicepresidente de la Asam­blea Municipal del Poder Popular, se ha elevado de 49 a 81 el número de comunidades que están recibiendo el preciado líquido por medio de transporte, incluido el ferrocarril, que desde hace algún tiempo realiza verdaderos “malabares” para responder a esa urgencia y continuar garantizando, a la vez, el servicio en la transportación de pasajeros.

Otra variante ha sido la apertura de nuevos cargaderos, en aquellos lugares donde el pa­norama es menos complicado.

Puntos como el de Las Margaritas, que a pesar de tener más de un siglo de explotación concentra el grueso del tiro de agua, distan bastante de la cabecera municipal (casi una veintena de kilómetros), lo que incrementa gastos y exige una alta organización e integración por parte de organismos, empresas o entidades, incluido el sector cooperativo y campesino, cuyos tractores han estado en función de resolver las necesidades, a pesar de serias limitaciones con algunos recursos.

Pensar en equipos de bombeo e instalaciones hidráulicas para conectar pozos menos perjudicados con la cisterna del pueblo o dividirlo por circuitos en aras de una mejor y más justa distribución, no parece ser posible o cercano en las circunstancias actuales, aunque bien valdría la pena valorar el asunto, si se tiene en cuenta el comportamiento del fenómeno en los últimos años y su tendencia.

De cualquier modo, los manatienses no miran hacia los celajes con los brazos cruzados sobre el pecho. Continúan braceando contra la sequía, buscando soluciones, apostando por la perforación de pozos, ganando claridad en tor­no al sentido de austeridad y de eficiencia que demanda, cada vez más, el empleo del recurso agua. La agricultura no se queda a la zaga. Sembrar y cosechar más, es el mejor modo de mostrar que se aprende —porque se puede— convivir y producir también con menos agua.

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