Raquel Ruz Reyes, promotora del Proyecto de Innovación Agrícola Local, de mucho éxito en la promoción de la agricultura de conservación en Cuba.
Raquel Ruz Reyes, promotora del Proyecto de Innovación Agrícola Local, de mucho éxito en la promoción de la agricultura de conservación en Cuba.

Me confiesa que quizás ella hubiera estado del otro lado de la grabadora, porque siendo joven quiso ser periodista, pero terminó convirtiéndose en ingeniera agrónoma y la primera doctora en ciencias que regresó a Las Tunas para ayudar a impulsar la investigación y la formación universitaria en esta oriental provincia cubana.

Se llama Raquel Ruz Reyes, y le gusta que su nombre no sirva únicamente para referenciarse en la bibliografía de una tesis, sino que sea llevado y traído por campesinos de toda Cuba, a quienes ha vinculado al Proyecto de Innovación Agrícola Local, de mucho éxito en la promoción de la agricultura de conservación en Cuba.

He tenido suerte de acaparar su atención por dos horas, aunque la plática es interrumpida a cada rato por alumnos, profesores y gente de todo tipo que viene a verla a cosas tan disímiles como que le revisen una tesis o pruebe una taza de café.

Habla rápido, cambiando de tema una y otra vez, mientras me va descubriendo una vida llena de sorpresas, decisiones difíciles y como ella misma reconoce... suerte.

"Nací cerca de lo que hoy es la Casa Central del Minint, aquí en Las Tunas. Mi madre era maestra y mi padre campesino asalariado. Nos movíamos mucho de lugar de residencia, hice la primaria en escuelitas rurales y la secundaria la terminé viajando todos los días. Entonces me fui a estudiar el preuniversitario en Camagüey en la casa de unos amigos de mis padres, quienes me apoyaron mucho."

¿La Agronomía fue por vocación o tradición familiar?

"Cuando era niña hubo un tiempo en que me llamó la atención ser médico pediatra, porque era muy enfermiza. Mi abuela decía que podía ser abogada porque tenía muchas leyes. A mi me gustaba mucho el Periodismo, pero en aquel entonces era una carrera muy selectiva. Me fui a ver la lista de carreras y solo llevaba un requisito en mi cabeza, que no tuviera asignaturas de Física porque no me gustaba. Me llamó la atención la especialidad de Suelos y Agroquímica porque además se estudiaba en la Unión Soviética y así no iba a ser una carga económica para mis padres. De pronto me vi viajando para Uzbekistán".

¿Cómo fueron aquellos años?

"El primer año en la URSS fue muy difícil porque la preparación en la facultad te enseña palabras y recibir clases en ruso fue muy difícil y no entendíamos nada. Afortunadamente viví con una rusa que me ayudó mucho, mi compañera Laura que es una persona muy apasionada, va al fondo de las cosas y desde entonces articulamos muy bien. Ella es una científica de naturaleza y yo más bien soy la persona que gestiona y de esa forma nos ayudamos mucho la una a la otra.

Estuve entre una cosa y otra casi diez años en aquel país porque al terminar la carrera hice mi tesis en soya y maíz y el tutor me preguntó si quería quedarme a hacer el doctorado y le dije que sí. Cuando regresé me ubicaron en el laboratorio de suelos de Camagüey y me llamaron del Ministerio de Educación para saber si quería seguir en el doctorado, ese mismo año, el 31 de diciembre regresé a Tashkient y estuve tres años haciendo mi doctorado. El ultimo año me embaracé, vine y parí aquí en Cuba a los 45 días me volví a ir y cuando regresé mi hijo tenía 8 meses pero ya vine con el título de doctor en ciencias.

¿Cómo fue el regreso?

Fue duro, incluso con mi familia. Ya aquí en Las Tunas descubro que en mi especialidad no había trabajo, eso fue en 1987. En la Universidad había una plaza de profesor y ya estaba contratado no había empresa ni centro de investigación ni nada. Además yo estaba con mi niño aún de meses pero da la casualidad que un tío político mío viaja a Holanda con Ramón Castro y allí le comenta que en Las Tunas tenía una sobrina doctora en ciencias sin trabajo y que era especialista en maíz y soya y me mandó a buscar y me ubicó en la empresa genética del este de La Habana sembrando soya y en otros proyectos. Pero en realidad a mi ni me gustó el lugar, ni el trabajo ni La Habana, no me sentía que era importante. A los tres o cuatro meses fui a ver a Mongo y le dije que no se me pusiera bravo pero que yo me iba otra vez para Las Tunas. Entonces regresé, aquí se abrió el laboratorio de suelos vine como primera directora y en seguida me hice profesora adjunta de la Universidad y en septiembre de 1988 vine completamente para la Universidad de profesora y desde entonces estoy aquí. He sido vicerrectora, jefa de departamento, vicedecana de investigaciones y desde hace diez años coordino el proyecto de Innovación Agrícola Local.

agricultores-tuneros¿Luego de experimentar esa variedad de experiencias profesionales, qué prefiere?

No prefiero una modalidad, investigación, enseñanza o proyectos, a otra, creo que todas están estrechamente relacionadas sin embargo creo que me he realizado más en los últimos diez años que he estado trabajando con PIAL. Como investigadora yo investigaba, tenía resultados, los publicaba, se los entregaba a la agricultura pero generalmente se engavetaban. Pero ahora se llevan 15 variedades de soya a la finca de Morón, las siembras, las cosechas tienes resultados sobre cuáles son las mejores y en la próxima campaña ya están introducidas en esa zona y entonces se siente que eres necesario, la gente te busca. La gente me llama a toda hora, hace tanto tiempo que no tengo vacaciones porque todos los días hay algo importante que hacer. Me ha dado una satisfacción terrible trabajar en el PIAL. Me gusta ser profesora pero ya son muchos años, casi 30 años y entonces esto ha renovado mi vida. Ya quiero preparar una persona para que vaya asumiendo responsabilidades junto conmigo porque siento que ya no soy tan joven y alguien tiene que prepararse.

¿Por qué esa fidelidad a Las Tunas?

Yo tengo un sentimiento por Las Tunas que no se cambia. Tengo familia en la habana he estado en muchos países, pero yo quiero vivir en mi casa, en mi apartamento, en mi edificio, con mi gente andar en chancleta y bata de casa. Es un sentimiento diferente. Yo quiero vivir en las Tunas, es un sentimiento que quizás no todo el mundo entienda. Yo no sé si es el Sol o la gente, creo que pudiera ser la gente. Es un sentimiento que está aquí no en otro lugar, en Las Tunas. Eso se forma porque creo que yo me sentí necesaria cuando vine Cuando me hicieron vicerrectora empecé a traer doctores, liberamos una veintena de profesores para que se hicieran doctores y eso incluso me costó el cargo pero al final ese sueño se realizó abrimos maestrías. El proyecto de Villanueva lo gestionamos desde aquí en la Universidad en esa etapa. En Las Tunas a veces hay mucho miedo a todo y se hace bastante difícil emprender un proyecto hay muchas trabas y uno está luchando siempre con todo eso pero uno no se puede parar, hay que desarrollarse y quizás eso me ha hecho más fuerte como que todo los días tengo que enfrentar algo nuevo y tengo que decir adelante.

¿En esa vorágine de trabajo qué lugar ha ocupado la familia?

Con mi hijo fue muy difícil en un principio que me comprendiera pero después nos adaptamos uno al otro él fue un niño muy estudioso y dedicado. Por ejemplo yo he sido muy dormilona y el se levantaba se lavaba, se vestía y entonces venía a darme el de pie. Entre nosotros había una relación de amigos. Yo siempre he sido una persona sencilla, austera y traté de educarlo en ese sentido. En alguna medida lo hice fuerte. Estudió en la UCI y uno de los momentos más emocionantes de mi vida fue cuando discutía su tesis y dijo que él quería ser un profesional como su mamá.

¿Se arrepiente de haber estudiado esta especialidad?

Estudié Suelos y Agroquímica por una casualidad, al final era mentira sí tuve que estudiar Física dos semestres pero no me arrepiento porque me gustó muchísimo, después comprendí que a mi me gustaba sembrar flores, árboles que me gustaba ver cómo crecían toda su fisiología, había una vocación oculta que yo no conocía y me he realizado como profesional en todos los sentidos.

¿Piensa ya en el retiro?

Me preocupan los jóvenes cubanos porque siento que grupo grande se ha preparado muy bien pero no se sienten realizados en nuestro país y hemos hecho médicos, informáticos, maestros magníficos y hay que buscar una forma de atraerlos. Cuando yo tenía 27 años yo vine para acá y yo sentía que hacía falta y que tenía que ayudar, no que era importante sino que me habían preparado para que yo diera algo. Y muchas veces nuestros jóvenes se sienten subutilizados. Y me preocupa de que nuestros jóvenes se van y no regresan y eso me preocupa mucho. Yo sé y entiendo que todo el mundo tiene que tener oportunidades pero hace falta compromiso.

En el fondo tengo necesidad de estar en mi casa. Todo lo que hago a mi me da placer. Si voy a Nueva York o a Chaparra lo disfruto igual, es el lugar y las personas que te rodean quienes te hacen feliz. Yo soy feliz con lo que tengo, no soy infeliz con lo que no tengo. Me hace falta sentirme querida.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar