Para que la familia no pase de moda. Foto: Rey López.
Para que la familia no pase de moda. Foto: Rey López.

Norma nunca imaginó que al regresar a su hogar iba a encontrar a una familia rota. Los tres años de misión le vendaron los ojos. Las conversaciones por chat, y los escasos meses de vacaciones no anticiparon los problemas, por el contrario, la convencieron de que a su retorno todo estaría igual.

La realidad fue otra. Su esposo Gabriel "aprovechó el tiempo" con amigos, alcohol y aventuras, y no tuvo ojos para descubrir que Jessica, su hija adolescente, ya no le prestaba atención a la escuela, y las salidas hasta las 2:00 de la mañana la habían llevado por caminos peligrosos.

De golpe se rompieron los sueños de Norma. Su cuenta bancaria ya no era tan relevante como antes. Y no tenía caso repartir culpas porque el pedazo más grande ella lo sentía sobre sus espaldas. La realidad era inevitable, no había estado para su hija en el momento que más la necesitaba.

Julián recientemente cumplió 70 años. Camina muy lento, le tiemblan un poco las manos y tiene una tristeza en la mirada, que allá adentro de sus ojos parece como si la oscuridad hubiera absorbido las ganas de sonreír.

Hace casi una década comparte una habitación en un hogar de ancianos de esta ciudad. En el pasado fue un hombre de vicios y excesos. Los lazos con sus hijos fueron muy frágiles. Y nunca reparó en la falta que le hacía un abrazo, una frase cariñosa, una visita en el salón principal.

Todos los años espera a que su familia recuerde el día de su cumpleaños y lo sorprendan, pero esto nunca sucede. Hace poco le dijo a una auxiliar que la demencia senil sería un regalo para él, pues lo que más quisiera es olvidar...

Mirtha y Juan llevan 40 años de matrimonio. Vieron a sus dos hijas convertirse en doctoras y ahora ayudan a criar a los nietos. No han tenido una vida fácil. Les tocó compartir estrecheces económicas y pérdidas. Pero por encima de las limitaciones siempre ha primado el amor, esa esencia indispensable para luchar contra cualquier obstáculo.

Tras cada puerta se esconde una historia, más o menos feliz. La familia ha sido desde siempre la célula fundamental de la sociedad, el espacio en el cual se forman primero los valores y preceptos que acompañan de por vida a un ser humano, de ahí su relevancia en el resto de las rutinas y procesos sociales.

La contemporaneidad exige nuevas posturas. Los núcleos convencionales hoy no suelen abundar, la gente crea su hogar con lo que puede y con lo que tiene. Pero el respeto, la unidad y la confianza no pueden quedar en el pasado, los valores se heredan, no se desechan. Esperemos, que como añora el poeta, el corazón nunca pase de moda.

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