Cada 18 de febrero,  en Cuba se celebra el Día del Instructor de Arte, en honor a  Olga Alonso, una joven que demostró, a pesar de su corta edad,  tener dotes naturales para  enseñar y enriquecer la vida de los campesinos que vivían en las lomas del Escambray.

Como herederas de ese legado, las nuevas generaciones de instructores de arte en el municipio de Amancio, tienen el reto de elevar las aspiraciones artísticas y culturales al servicio del pueblo.

La Casa de la Cultura Sergio Reinó Reina, en esta  localidad ubicada al suroccidente de Las Tunas, se ha caracterizado por su trabajo dinámico. Idalis Rodríguez Horta, directora de la institución, explica: “Actualmente contamos  con 12 instructores de arte que trasmiten sus conocimientos y experiencias a los miembros de la  Brigada José Martí integrada por 70 jóvenes, que en estos momentos se encuentran  trabajando desde las escuelas, con las comunidades en las que no solo atienden a los niños y a los adolescentes, sino que llegan hasta los diferentes grupos etáreos, con un producto genuinamente cubano.”

Danay Álvarez Sarmiento, hoy se desempeña como vicepresidenta de la Brigada de Instructores de Arte José Martí,  dice con orgullo que su historia: ” Yo nunca me imaginé que podía hacer teatro, en realidad ingresé a la Escuela Vocacional de Arte El Cucalambé, de Las Tunas, por la especialidad de música y un buen día se me ocurrió entrar a un taller de teatro y quedé fascinada. Por problemas de enfermedad tengo que salir del centro y ya en noveno grado me presento a las pruebas para instructor de arte, tanto en música como en teatro, increíblemente aprobé las dos, fue un poco difícil tomar una decisión, pero el teatro pudo más,   hoy  me siento orgullosa de ser instructora.”

El municipio de Amancio, tiene fuertes raíces campesinas y folklóricas que conforman la identidad de sus habitantes. En las comunidades rurales de Las Marías, San Alberto y  Ana Luisa, el joven Alain Pimentel se encarga de  enseñar el poderío y la destreza de nuestros bailes populares:  “Para mi fue un reto trabajar en una comunidad rural; recuerdo que me enfrentaría a un verdadero problema, y sin embargo son niños que aprenden con mucha facilidad y lo mejor de todo, perdieron el miedo escénico que en muchas ocasiones  impide a los aficionados demostrar lo aprendido en los talleres de apreciación y creación.”

Llegar a cada uno de los rincones de la geografía amanciera impartiendo clases, enseñando  como describir  a través de las diferentes manifestaciones los colores,  ritmos,  sonoridades y  movimientos son algunas de las tareas que diariamente los instructores de arte realizan para beneplácito de un pueblo, que hoy agradece su labor.