Un enemigo sin rostros ni formas. Foto: Danay Naranjo Viñales

Durante los últimos 15 días la situación epidemiológica del municipio de Amancio se complejiza, con una preocupante permanencia en el reporte de casos positivos, autóctonos, de la Covid-19.

Como era de esperarse, las autoridades locales implementaron de inmediato grupo de acciones que permitieran, en primer lugar, reducir el tránsito de personas  en las calles de la localidad, y con ello evitar las aglomeraciones como vía propicia para el contagio.

En ese sentido, las entidades reajustaron sus horarios para la atención al público y en aras de garantizar la vitalidad de sus prestaciones, sugieren la utilización de los canales digitales siempre que sea posible.

Sin embargo llama la atención que gran número de personas insiste en la presencia física ante las oficinas para realizar sus trámites,  aún cuando las posibilidades para ello, son varias.

Me refiero, por ejemplo, al pago de tributos, la electricidad, factura telefónica, multas, el servicio de agua y otras tantas que gracias a la informatización de la sociedad cubana, hoy constituyen un asunto fácil de resolver.

Igual sucede con la restricción de la movilidad a partir de las 2 de la tarde, indicada desde el 28 de junio pasado, aspecto que aún muestra fisuras en el cumplimiento, pues no faltan quienes transitan luego de ese horario de forma injustificada.

Pienso que no existe un hogar en este municipio, cuyos miembros no estén preocupados por la cantidad de contagios que reporta Amancio cada mañana.

Entonces el llamado es a la cooperación, a la disciplina, al autocuidado y la responsabilidad. Cada acto, por sencillo que parezca, importa y contribuye a que esas cifras disminuyan para que volvamos a la normalidad, esa que añoramos principalmente ahora que empieza el verano.

Solo la unidad entre el cumplimiento de las medidas y las acciones que orienten los directivos, podrá hacerle frente al nuevo Coronavirus. Un enemigo que vive en todos los lugares, sin rostro ni forma.