Foto: István Ojeda Bello

Las Tunas.- La contrarrevolución siente que ha llegado su hora y no se esconde para decirlo. “¡Es ya!”, proclama a los cuatro vientos.

Convenientemente seleccionan aspectos de la realidad del país y presentan un cuadro de desorden y de ingobernabilidad que hace las delicias de la industria del mal. Incluso, los pretendidamente “centristas” se espantaron ante la violencia, olvidando que con su perfidia ellos mismos han estado incitando a la desobediencia y la agresión a los bienes públicos y las autoridades.

Vociferan “¡dictadura!” y esperan ver correr la sangre, cual espectadores del circo romano; mientras sus robots de las redes sociales trabajan a doble turno para construir la narrativa de supuesta revuelta popular. “Si realmente les interesara la salud de los cubanos pedirían el fin del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba”, les espetó un jovencito argentino que hace año y medio caminó entre los tuneros maravillado de cómo este Archipiélago ha sido capaz de resistir el mayor asedio conocido por la historia humana.

Como él lo hizo, preguntémonos a quién le conviene generar un escenario de guerra civil o, cuando menos, sucesos violentos, precisamente, en el momento en que la nación lucha contra la peor pandemia que ojos humanos hayan visto aquí. No es la vida, ni la Patria, la que gana con un país en llamas.

Ahora, por enésima vez, se cuestiona el derecho de los cubanos de defender su autodeterminación. Pretenden que permanezcamos impávidos ante la vulneración flagrante de la legalidad.

Esta Revolución no se esconde para reconocer sus errores y escuchar los señalamientos que de buena fe le hagan su pueblo y los amigos a lo largo y ancho del mundo. Pero ha dejado bien claro su mensaje: tampoco se mostrará débil ante quienes pretendan pescar en el río que ellos mismos han contribuido a revolver.

Sabemos que un país más justo, eficiente y próspero es el mejor antídoto contra el descontento y la apatía que envalentonan a mercenarios y confunden a los desinformados. Pero no es de cubanos, y mucho menos de revolucionarios, poner la otra mejilla frente al odio y la agresión.

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Fuente: Periódico 26